Instagram anula el pensamiento crítico de los más jóvenes.

En este primer artículo del blog, quiero contarte el caso de Laura (nombre inventado), quién llegó a mí consulta hace un par de meses.

Soy psicólogo y nutricionista y quiero contarte, tanto si eres adolescente cómo educador, algo que llevo detectando desde hace tiempo entre el público más joven.

El caso de Laura

Laura llegaba algo triste a nuestra primera cita. Ella no sabía explicarme muy bien la razón, ni sus padres tampoco. Sin embargo, estos se habían dado cuenta de que algo no marchaba bien al ver ciertas conductas que tenía Laura con la comida.

Sin dudarlo un instante y actuando de manera efectiva, decidieron de forma acertada, contactar con un profesional sanitario para quedarse tranquilos y atajar de raíz cualquier problema que se pudiese estar cocinando.

El problema con la alimentación

De un tiempo a esta parte, Laura había comenzado a preocuparse en exceso por la comida y por su imagen personal. Lo que había comenzado como una medida para «cuidarse un poco», se estaba trasladando a una obsesión respecto a la cantidad de comida que ingería. Llegando por ejemplo, a saltarse algunas comidas y cenas diarias.

El peligro de las redes sociales

Cuando Laura y yo ya teníamos un poco más de confianza, durante una sesión, ella me enseñó su perfil de Instagram. En él pude apreciar cantidad de fotos de ella, tipo selfie, de su cuerpo, étc.

Algo que me sorprendió de , es la cantidad de filtros y retoques que deberían llevar aquellas imágenes, ya que apenas podía reconocerla.

Entre todas sus fotos, hubo una que me llamó especialmente la atención. Era una en la que salía su rostro en primer plano. Me sorprendió porque no conseguía reconocerla.

Es decir, sabía que era ella porque la tenía delante y veía que era su cuenta personal. Sin embargo, creo que si me hubiesen mostrado esa imagen en otro contexto, no hubiese conseguido asociarla a ella.

La realidad virtual

Entonces le pregunté: Laura, ¿tú en esta foto te ves a ti misma? Ella se rió y me dijo, claro, soy yo, ¿no me reconoces?

En un primer momento pensé que quizás a Laura le daba vergüenza reconocer que aquella foto había sido retocada, pero lo vi que no fue eso, sino incredulidad. Verdaderamente, no entendía mi reacción.

Entonces le pregunté por los ajustes que le había hecho a aquella foto. Ella me explicó que mediante photoshop se había retocado la nariz (yo imagino que algo más).

A lo que yo le contesté, pero entonces, si la has retocado la foto, está no eres tú ¿no?. Y ella me dijo, de nuevo entre risas, «claro que soy yo».

La ausencia de pensamiento crítico

Entonces comencé a entender lo que estaba viendo. No era la primera vez que me ocurría trabajando con un adolescente en consulta, por eso, era algo que me tenía inquieto.

Instagram se había convertido en la realidad. Laura se identificaba más con lo que proyectaba que con lo que realmente era.

Las personas desarrollamos durante nuestro crecimiento lo que en psicología llamamos el autoconcepto. Este es, la explicación que nos damos sobre cómo somos a nosotros mismos.

En función de lo que los demás piensan de nosotros, de lo que vemos en el espejo, étc, construimos una opinión y visión de nosotros mismos. En este caso, Laura había dejado de mirarse al espejo, y ahora su reflejo eran los me gusta y los comentarios que recibía en las fotos manipuladas que subía a su perfil.

La representación interna que tenía de sí misma no se correspondía con la realidad, si no con lo que mostraba.

¿Qué es el pensamiento crítico?

El pensamiento crítico es la habilidad para ser capaces de juzgar y evaluar como son las cosas y su apariencia. Por ejemplo, si yo voy a un espectáculo de magia, por muy sorprendente que sea el número, gracias a que tengo pensamiento crítico, puedo discernir que el mago no hace magia, si no que ha sido un gran truco lo que ha hecho.

El problema que tenía Laura, es qué cuando había vuelto a mirarse en los espejos (los de verdad), estos estaban rompiendo su ilusión y la idealización proyectada a través de su cuenta de instagram.

Esto había generado tal tensión interna, que en vez de poder comprender la lo que estaba sucediendo, estaba haciendo todo lo posible por parecerse a la proyección y así poder mantener el autoconcepto.

¿Las redes sociales son malas?

Las redes sociales nos son malas en sí mismas y el objetivo no es dejar de utilizarlas, sino aprender a hacerlo de una manera coherente. Aprender a distinguir entre apariencia y esencia.

No tiene nada de malo buscar un me gusta, siempre y cuando sepamos que es parte de nuestro «marketing personal» y que eso no determina quiénes somos en realidad.

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