Las nuevas generaciones tienen mucho que enseñarnos sobre las relaciones

Suele decirse que cualquier tiempo pasado fue mejor. Además, existe una corriente de pensamiento que dice que los jóvenes, es decir, las generaciones venideras, se están echando a perder en cuanto a valores e intereses se refiere.

Sin embargo, yo pienso que esto no es cierto y que tenemos mucho que aprender de ellos. Cómo psicólogo me dedico a trabajar con adolescentes y he de decir, que me hacen crecer mucho como personas.

No todo es perfecto, es cierto. No obstante, algunas cosas que a los adultos nos costaría años de trabajo y sudor conseguir entender, ellos, por el mero hecho de haberse criado en otra época lo dan por sentado.

No me refiero a la tecnología, aunque podría ser aplicable, sino al ámbito de las relaciones. Conceptos como el poliamor o las relaciones liberales, son una práctica socio afectiva cada vez más instaurada en nuestra sociedad. Muchas personas nos sentimos incapaces de entender esto y de ver una relación viable desde esta óptica.

Sin embargo, la mente de nuestros predecesores está rompiendo con la mayoría de esquemas fijos e invariables que traemos de manual, entendiendo que el amor y el sexo, son dos cosas diferentes, y que los genitales ya no determinan la elección de una pareja.

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Crecer en la adversidad

Seguro que a lo largo de nuestra vida todos nosotros hemos conocido u oído testimonios de personas que a pesar de haber vivido situaciones adversas o altamente estresantes que suponían un importante cambio en sus vidas como perder a un ser querido, padecer una enfermedad, tener una ruptura sentimental o perder su trabajo han conseguido adaptarse a los cambios. Es decir, encajarlos, superarlos y seguir viviendo incluso a un nivel superior, como si hubieran aprendido y crecido a partir de esa experiencia. A este tipo de personas se las conoce como resilientes.

Pero, ¿qué es exactamente la resiliencia? ¿Qué características tiene una persona resiliente? ¿Qué diferencia a una persona resiliente de la que no lo es? ¿Se nace siendo resiliente o se puede aprender a serlo?

La resiliencia se define como la capacidad que tienen las personas para atravesar situaciones difíciles y condiciones adversas, superarlas y salir fortalecidas de ellas. Cabe destacar que ser resiliente no significa no sentir malestar, tristeza, culpa, ira o confusión ante las adversidades, sino experimentar estas emociones sin dejar que se vuelvan permanentes o que le sobrepasen. La investigación ha demostrado que las personas resilientes conciben y afrontan la vida de un modo más optimista, entusiasta y enérgico. Son personas curiosas y abiertas a nuevas experiencias caracterizadas por experimentar un mayor número de emociones positivas. Y si bien podría pensarse que estas personas experimentan emociones positivas por el hecho de ser resilientes, se ha visto que estas utilizan las emociones positivas como estrategia de afrontamiento ante las situaciones adversas.

Por el contrario, las personas no resilientes atribuyen las dificultades a los demás, a la mala suerte o a la injusticia, de forma que no dan ningún paso para superarlas. Son personas más inflexibles a las que les cuesta adaptarse a los cambios constantes. Normalmente, no confían en sus propios recursos para superar las dificultades, por lo que consideran los problemas como amenazas con las que hay que acabar lo antes posible. Asimismo, dejan que sus emociones les embarguen impidiéndoles pensar de forma realista. También son personas más vulnerables a poder sufrir un episodio depresivo.

Mejorar las relaciones sociales: Dedicar tiempo a las amistades y tener buenas relaciones familiares con las que se pueda contar cuando se encuentre en una situación difícil.

Usar un pensamiento constructivo: Ante una dificultad, pararse a pensar: ¿Cuál es el problema? ¿Qué puedo hacer para mejorar esta situación? ¿Qué consideraría un resultado satisfactorio? Es importante interpretar las situaciones de forma realista. Es decir, no ver los problemas o las crisis como catástrofes terribles e insoportables que durarán para siempre, sino como retos a superar. Del mismo modo, nos ayudaría tener una perspectiva amplia y flexible a la hora de buscar posibles soluciones.

Plantearse metas y objetivos aceptando la realidad: Las metas establecidas deben ser realistas, pues quién se niega a aceptar la realidad nunca podrá cambiarla. Por ejemplo, ante una situación irreversible como perder a un ser querido o padecer una enfermedad crónica, la solución no puede consistir en salir de esa situación. Sería importante que empezáramos a considerar que hay situaciones que no podemos cambiar, o que de hacerlo, se necesita algún tiempo para observar los cambios. En estos casos es importante dar pequeños pasos en la dirección hacia la que se desea avanzar.

Actuar: Una vez elegidas las posibles soluciones u objetivos a conseguir es hora de actuar. No importa que al principio no se obtengan los resultados esperados, aunque si la situación se prolonga en el tiempo sería conveniente analizar qué cosas se están haciendo mal o qué más se podría hacer, y cambiar la estrategia.

Confiar en uno mismo: A veces un problema parece tan difícil de resolver que pensamos que será imposible hacerlo. Este modo de pensar puede conducir a un sentimiento de impotencia o indefensión, haciéndonos creer que no hay nada que nosotros podamos hacer para cambiar la situación en la que nos encontramos. Para evitar sumirse en esos sentimientos de desesperanza, resulta esencial confiar en las capacidades y recursos propios para hacer frente a las dificultades.

Ser optimista: Implica esperar que ocurran cosas buenas en su vida. Creer que eres capaz de controlar tu vida y llevar a cabo los cambios necesarios para que la situación mejore en el futuro.

Aprender de las adversidades: Por supuesto, a nadie le gusta que ocurran cosas malas, pero si ocurren, al menos pueden aprovecharse para aprender algo de ellas. Esto es posible si los problemas o las crisis se conciben como retos que se presentan en la vida y que empujan a sacar lo mejor de uno mismo, a ser fuerte, a pensar y buscar soluciones, a actuar. A menudo nos obligan a cambiar la forma en la que percibimos, haciendo que seamos más flexibles, maduros y realistas. También puede ocurrir que tras situaciones altamente estresantes, las personas cambien su sistema de valores o sus prioridades valorando en mayor medida a las personas que les rodean.
Entrenar la resiliencia no es fácil, implica experimentar malestar, estrés y hacer un esfuerzo consciente para cambiar formas de percibir, pensar y actuar. No obstante, con un poco de práctica y esfuerzo se puede afrontar las situaciones difíciles y aprender de ellas.

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La prevención de las enfermedades sexuales

Con toda esta situación que hemos vivido, me ha dado que pensar sobre las enfermedades contagiosas.

Una parte importante de mi trabajo consiste en educar y contarles a los más jóvenes los riesgos que entraña tener relaciones sexuales de riesgo. Sin embargo y muy a mi pesar, me encuentro continuamente casos de personas que se han contagiado y el sufrimiento que esto acarrea.

Las ETS o enfermedades de transmisión sexual no son un mal novedoso ni desconocido para nadie, sin embargo, ¿por qué no le damos la importancia que merecen?

Seguramente, si bajas a dar un paseo y ves a algunas personas sin mascarilla te parezca mal. Sin embargo, ¿por qué no sucede lo mismo con el preservativo?

¡Ojo!, esto no es un aliento a dejar de usar la mascarilla. Pienso que en gran parte, el problema es que las personas funcionamos de manera dicotómica: O pensamos que eso no va con nosotros o nos radicalizamos y no hablamos de otra cosa.

Al comienzo de la pandemia, la mayoría sentíamos que el COVID era algo lejos por lo que no había que preocuparse. Mi sensación es que con las enfermedades venéreas ocurre exactamente igual, sabemos que existen pero pensamos que no nos van a tocar.

Hasta que toca.

De manera que si estas leyendo esto y estas protegiendo tu salud para no contagiarse de este virus tan feo, no te olvide de que siempre ha habidos otros de los que también es necesario hacerlo.

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10 mitos sobre bajar de peso que conviene desmentir

Bajar de peso es uno de los objetivos principales de muchas personas alrededor del mundo. Algunos lo hacen por salud, otros por vanidad, pero lo que es cierto es que cada día crece la preocupación por adelgazar.

El sobrepeso no discrimina en edad o sexo y hay infinidad de remedios naturales y sintéticos para lograr este fin. Sin embargo son muchos los mitos sobre bajar de peso, y hoy quisimos contártelos para que no pierdas tu tiempo o en el peor de los casos tu salud.

Mitos sobre bajar de peso

1.Tienes que pasar hambre

Este no solo es un mito sobre bajar de peso, sino que además es uno de los peores errores que puedes cometer. No debes pasar hambre para conseguir la figura que quieres. De hecho si haces esto lo más seguro es que te desnutras y vengan enfermedades crónicas. Con una alimentación saludable y balanceada puedes conseguir tu objetivo.

2. Todo lo que consumes en la noche se convierte en grasa

Esta afirmación es falsa. Si consumes varias raciones pequeñas durante el día y en la noche mantienes el mismo ritmo, no tendrás problemas con bajar de peso. Sin embargo si dejas para comer en exceso a la hora de la cena o después, lo más seguro es que tiendas a aumentar de peso considerablemente.

3. Ejercitarse menos de 30 minutos es perder el tiempo

¡Falso! Desde el momento en que inicias tu entrenamiento empiezas a quemar calorías y a estimular diferentes zonas de tu cuerpo. Por eso secciones cortas de ejercicio, no solo sirven, sino que además son muy beneficiosas. De hecho existen ejercicios de 10 o 15 minutos con un nivel de intensidad alto que te ayudan  a perder peso y a tonificar tu cuerpo.

4. Existen dietas que nos permiten bajar de peso y no volver a aumentar

Absolutamente falso. Bajar de peso se relaciona más con estilos de vida saludables que con curas milagrosas. Por eso solo unos hábitos adecuados de alimentación y algo de ejercicio te pueden asegurar esto. No basta tan solo con bajar de peso, sino que además debes continuar con un tipo de alimentación adecuada para mantenerte en tu peso ideal.

5. Basta tan solo con usar faja para bajar de peso

Este es uno de los mitos sobre bajar de peso más generalizados. La faja es ideal para ayudar a moldear tu figura, sin embargo esto no implica que vas a bajar de peso. Si te pones faja para hacer ejercicio esto te ayuda a transpirar y a perder peso por deshidratación, lo que implica que lo que aparentemente bajaste se recuperará al consumir líquidos nuevamente.

6. Mucho ejercicio = Más perdida de peso

No necesariamente. Es cierto que cuando haces ejercicio activas tu metabolismo quemando calorías más fácilmente. Sin embargo, si no cambias tus hábitos alimenticios, así hagas mucho ejercicio esto no se verá reflejado en la perdida de peso.

7. La edad no importa a la hora de hacer dieta

Esto es falso, el organismo de un adulto es diferente al de un adolescente, y por ende para hacer una dieta debes tener en cuenta tu edad. Además debes tener presente que no puedes compararte con otras personas, pues un adolescente puede bajar de peso mucho más rápido que un adulto.

8. Dormir la siesta engorda

La siesta es una práctica muy beneficiosa y a diferencia de lo que muchos creen ¡No engorda! De hecho dormir de 10 a 20 minutos después de tu comida principal ayuda a que tu organismo funcione mejor.

9. Los alimentos light ayudan a perder peso

Esto es ¡Falso! de hecho muchos alimentos light incluso no son muy sanos para la salud. El error más común es creer que light significa 0 calorías y por eso muchas personas se exceden en su consumo, y el resultado es totalmente diferente al que esperaban al principio.

10. El agua caliente elimina la grasa

e cree que beber un té o agua caliente después de la comida quema las grasas. Sin embargo esto es uno de los mitos sobre bajar de peso.Tu cuerpo no funciona como un sartén al que se le echa agua caliente para despegar la grasa. Lo único que puede ayudarte con eso es el ejercicio y los hábitos alimenticios saludables

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Herramientas para vencer la timidez y cómo trabajar la asertividad

La timidez se define como un sentimiento de vergüenza o inseguridad al relacionarse con las personas e inclusive al realizar una nueva actividad. Es un tipo de ansiedad a nivel social.

A menudo, resulta normal sentir miedo a lo desconocido, sin embargo, su forma excesiva puede llevarte a incapacitarte con el mundo exterior. Muchas veces, esta se encuentra ligada con los problemas de aceptación hacia si mismo (baja autoestima), lo cual hace que no puedas disfrutar a plenitud.

Afortunadamente, existen diferentes técnicas para que puedas terminar con tu episodio de timidez, de esta manera, tendrás mejores relaciones con tus amigos y lograrás el éxito a nivel profesional. Por esta razón, no dejes de leer este artículo. 

Algunas herramientas eficaces que te ayudarán a vencer la timidez

Muchas de las personas que son tímidas, tienden a aceptar que son de esa manera, por ello es importante, aplicar las siguientes herramientas que te ayudarán a vencerla:

  1. Reconocer que eres tímido: este es el primer paso que debes hacer si deseas vencer la timidez. Es importante aceptar que tienes este tipo de miedo para que posteriormente, puedas buscar ayuda o avanzar. A medida que lo vayas superando, podrás relajarte, teniendo una mayor seguridad en ti mismo.
  2. Enumera todas las situaciones que te generen incomodidad: para cada persona, existen diferentes situaciones que causan ansiedad, incomodidad, miedo, entre otras situaciones negativas. Entre las más comunes se encuentran: hablar en público, hacer nuevos amigos, entablar conversaciones con desconocidos, entre otras.
  3. Apúntate a actividades sociales como puede ser las artes marciales o clases de piano en grupo. La timidez se cura con exposición y en el cuarto de tu casa no se va a arreglar.
  4. Una vez que las tengas enumeradas, será momento de enfrentarlas poco a poco de la siguiente manera:

Saluda: una manera sencilla de comenzar a vencer la timidez es a través de un pequeño saludo, puedes intentar con “hola” o “buenos días”, si se trata de una reunión o evento más formal. No te preocupes si algunas personas no responden a tu saludo. Debes convertir esta acción en rutina, verás que, con el tiempo, te irás sintiendo mejor.

Al perder el miedo de saludar, puedes ir añadiendo comentarios impersonales, como, por ejemplo: hablar del clima, sucesos importantes que hayan ocurrido, etc, hasta que poco a poco te vayas interesando por la vida de tu interlocutor. Cuando lo hayas logrado, habrás vencido la timidez dentro de este contexto.

Al momento de hablar en público o a través de las redes sociales es básicamente lo mismo, es decir, para vencer la timidez, lo único que necesitas es ser seguro de ti mismo en todo momento. Específicamente en ese caso, puedes logrando teniendo el dominio del tema que estés tratando.

¿Qué es la asertividad?

La asertividad es una aptitud con la que es posible comunicar los pensamientos o ideas sin irrespetar los que tengan las demás personas. Esta palabra proviene del latín “asseurs” y significa: “afirmación sobre la certeza de algo”. También se encuentra ampliamente vinculada con la inteligencia emocional.

Cuando una persona es asertiva, cuenta con una autoestima alta y mantiene relaciones completamente sanas con las personas que lo rodean. De esta manera, se potencia la confianza en sí mismo. En psicología, se dice que una persona carente de asertividad, no tiene la capacidad para comunicar lo que quiere.

Es preciso mencionar que la asertividad también tiene que ver con las características de la personalidad que tenga cada individuo, el papel que juegan sus emociones en su vida cotidiana, entre otros aspectos. 

A través de esta habilidad, es posible mejorar las relaciones interpersonales, por esta razón, es importante trabajar en ella utilizando las siguientes técnicas: 

Aplazamiento asertivo: se emplea cuando nosotros nos sentimos mal por alguna situación, que no nos deja en condiciones de seguir una conversación con el interlocutor, por esta razón, le solemos dar respuestas como, por ejemplo: “en este momento no puedo hablar”, “lo vemos después”. 

Ignorar: acá la diferencia radica en que es el interlocutor quien se encuentra mal por alguna razón, por lo que se deberá aplazar el tema de la conversación para otro momento, cuando este pueda responder mejor. En este sentido, se recomienda decir frases como: “te noto un poco cansado, mejor hablamos mañana”.

Banco de niebla: se trata de responder a una crítica sin entrar en polémica, ya que el interlocutor hace este tipo de comentarios con esa intención. “fuiste al trabajo con la camisa sucia”, “lo sé, más tarde la lavo”.  

Aserción negativa: suceden cuando quieren reclamarte una falta, pero la persona responde sin dar muchas explicaciones. “Has llegado tarde a clase”, “Si profesor, disculpe”.

Desviación: ocurre cuando en lugar de conversar acerca de un tema en específico, ambas personas se desvían y terminan debatiendo otro punto donde el interlocutor es protagonista. Cuando esto suceda, lo ideal es recordarle que ese no es el tema de conversación.  

Otra técnica que puedes utilizar para mejorar la asertividad es la del “disco rayado”, esta consiste en repetir una y otra vez el mismo mensaje hasta que la otra persona termine por ceder.

Pregunta asertiva: en caso que desees saber con mayor detalle sobre algo que haya generado molestias o discordias, puedes formular preguntas directas, las cuales obliguen al interlocutor a decir la verdad. ¿Qué es lo que te molesta de mí? ¿Por qué dijiste eso el otro día?    

Aunque no lo creas, se debe contar con empatía para poder trabajar la asertividad, ya que es necesario colocarse en el lugar de la otra persona para así entender sus ideas además de pensamientos que desee expresar.

Vencer la timidez y trabajar en pro de ser personas más asertivas es cuestión de actitud, está claro que no todos los días nos despertamos con la misma disposición.  

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Vivir el presente con optimismo

En los tiempos de crisis en que nos encontramos parece que los niveles de pesimismo y depresión aumentan por doquier, ¿es esto cierto? ¿Sólo pueden ser optimistas aquellos a los que les va bien?

Lo cierto es que la adversidad es uno de los factores que siempre nos acompaña en nuestra vida, siempre existe algún problema, alguna preocupación que nos atormenta.

Este hecho que a priori nos parece negativo, es el mismo que nos ha permitido llegar hasta donde estamos (convertirnos en quienes somos), tanto como sociedad como a nivel individual, es aquel que nos permite evolucionar.

Teniendo en cuenta esta realidad, no es difícil imaginar que la actitud que mostremos para afrontar los problemas y las adversidades será clave tanto para reducir el sufrimiento que estos nos generan, como para resolverlos de una manera eficaz. Más aún, la forma en que nos enfrentamos a la situación llega a ser tan importante como los mismos acontecimientos.

En este sentido, mantener una actitud optimista frente a la vida, puede ayudar en el difícil reto de superar los diferentes problemas que van apareciendo.

No obstante, es importante señalar que no estamos hablando de un optimismo ingenuo, de una creencia ilusoria en que todo va a transcurrir adecuadamente y negando la existencia de los problemas.

Estamos hablando de un optimismo inteligente, racional, el cual se entiende como una actitud de afrontamiento activo frente a los problemas y frente a la vida en general.

Este optimismo consiste en aceptar que no todo está bajo nuestro control, que en ocasiones es mejor ser prudente y en último término, se entiende como un valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia.

Una de las principales características de la disposición optimista, es la forma en que interpretamos los acontecimientos que nos ocurren, ya que el modo en que evaluamos la situación influye en cómo nos sentimos y, en consecuencia, en cómo actuamos.

Este argumento parte de la premisa de que una misma situación puede ser interpretada de diferentes maneras.

Así, frente a una situación negativa como puede ser un despido laboral, una persona puede pensar que la situación está muy difícil y que seguramente no va a volver a encontrar trabajo, lo cual le generará un estado de ánimo negativo que le desanimará a la hora de ofrecerse al mercado laboral y buscar un nuevo empleo.

Por contra, otra persona puede pensar que, a pesar de que la situación está muy difícil, él es una persona competente y que encontrar un nuevo trabajo va a ser un gran reto por el que va a tener que esforzarse y desarrollar nuevas habilidades.

Esta interpretación alternativa, permite a la persona afrontar la situación con una actitud más positiva, confiando en sus posibilidades y fortaleciéndose frente a los sentimientos de desesperanza y frustración que puedan aparecer.

Asimismo, las investigaciones han demostrado la importancia de cultivar estados de ánimo positivos, ya que estos promueven conductas más adaptativas para afrontar la adversidad y el sufrimiento emocional.

Para ello, es importante realizar actividades de disfrute, que nos hagan sentir bien en nuestro día a día, ya que esto nos permitirá afrontar la realidad con una visión de conjunto más positiva.

En definitiva, no se trata de ver la vida como un camino de rosas, sino de entender y aceptar que los problemas forman parte de la vida y que son los que nos hacen crecer y madurar.

La actitud que tomemos frente a los problemas y frente a la vida en general determinará el equilibrio entre los niveles de sufrimiento y bienestar, por lo que adoptar una actitud más optimista nos ayudará a inclinar la balanza hacia el lado del bienestar, permitiéndonos construir una vida más plena y significativa.

La vida causa los mismos contratiempos y las mismas tragedias tanto a optimistas como a pesimistas, pero los primeros saben afrontarlos mejor” (Seligman, 2004).

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Instagram anula el pensamiento crítico de los más jóvenes.

En este primer artículo del blog, quiero contarte el caso de Laura (nombre inventado), quién llegó a mí consulta hace un par de meses.

Soy psicólogo y nutricionista y quiero contarte, tanto si eres adolescente cómo educador, algo que llevo detectando desde hace tiempo entre el público más joven.

El caso de Laura

Laura llegaba algo triste a nuestra primera cita. Ella no sabía explicarme muy bien la razón, ni sus padres tampoco. Sin embargo, estos se habían dado cuenta de que algo no marchaba bien al ver ciertas conductas que tenía Laura con la comida.

Sin dudarlo un instante y actuando de manera efectiva, decidieron de forma acertada, contactar con un profesional sanitario para quedarse tranquilos y atajar de raíz cualquier problema que se pudiese estar cocinando.

El problema con la alimentación

De un tiempo a esta parte, Laura había comenzado a preocuparse en exceso por la comida y por su imagen personal. Lo que había comenzado como una medida para “cuidarse un poco”, se estaba trasladando a una obsesión respecto a la cantidad de comida que ingería. Llegando por ejemplo, a saltarse algunas comidas y cenas diarias.

El peligro de las redes sociales

Cuando Laura y yo ya teníamos un poco más de confianza, durante una sesión, ella me enseñó su perfil de Instagram. En él pude apreciar cantidad de fotos de ella, tipo selfie, de su cuerpo, étc.

Algo que me sorprendió de , es la cantidad de filtros y retoques que deberían llevar aquellas imágenes, ya que apenas podía reconocerla.

Entre todas sus fotos, hubo una que me llamó especialmente la atención. Era una en la que salía su rostro en primer plano. Me sorprendió porque no conseguía reconocerla.

Es decir, sabía que era ella porque la tenía delante y veía que era su cuenta personal. Sin embargo, creo que si me hubiesen mostrado esa imagen en otro contexto, no hubiese conseguido asociarla a ella.

La realidad virtual

Entonces le pregunté: Laura, ¿tú en esta foto te ves a ti misma? Ella se rió y me dijo, claro, soy yo, ¿no me reconoces?

En un primer momento pensé que quizás a Laura le daba vergüenza reconocer que aquella foto había sido retocada, pero lo vi que no fue eso, sino incredulidad. Verdaderamente, no entendía mi reacción.

Entonces le pregunté por los ajustes que le había hecho a aquella foto. Ella me explicó que mediante photoshop se había retocado la nariz (yo imagino que algo más).

A lo que yo le contesté, pero entonces, si la has retocado la foto, está no eres tú ¿no?. Y ella me dijo, de nuevo entre risas, “claro que soy yo”.

La ausencia de pensamiento crítico

Entonces comencé a entender lo que estaba viendo. No era la primera vez que me ocurría trabajando con un adolescente en consulta, por eso, era algo que me tenía inquieto.

Instagram se había convertido en la realidad. Laura se identificaba más con lo que proyectaba que con lo que realmente era.

Las personas desarrollamos durante nuestro crecimiento lo que en psicología llamamos el autoconcepto. Este es, la explicación que nos damos sobre cómo somos a nosotros mismos.

En función de lo que los demás piensan de nosotros, de lo que vemos en el espejo, étc, construimos una opinión y visión de nosotros mismos. En este caso, Laura había dejado de mirarse al espejo, y ahora su reflejo eran los me gusta y los comentarios que recibía en las fotos manipuladas que subía a su perfil.

La representación interna que tenía de sí misma no se correspondía con la realidad, si no con lo que mostraba.

¿Qué es el pensamiento crítico?

El pensamiento crítico es la habilidad para ser capaces de juzgar y evaluar como son las cosas y su apariencia. Por ejemplo, si yo voy a un espectáculo de magia, por muy sorprendente que sea el número, gracias a que tengo pensamiento crítico, puedo discernir que el mago no hace magia, si no que ha sido un gran truco lo que ha hecho.

El problema que tenía Laura, es qué cuando había vuelto a mirarse en los espejos (los de verdad), estos estaban rompiendo su ilusión y la idealización proyectada a través de su cuenta de instagram.

Esto había generado tal tensión interna, que en vez de poder comprender la lo que estaba sucediendo, estaba haciendo todo lo posible por parecerse a la proyección y así poder mantener el autoconcepto.

¿Las redes sociales son malas?

Las redes sociales nos son malas en sí mismas y el objetivo no es dejar de utilizarlas, sino aprender a hacerlo de una manera coherente. Aprender a distinguir entre apariencia y esencia.

No tiene nada de malo buscar un me gusta, siempre y cuando sepamos que es parte de nuestro “marketing personal” y que eso no determina quiénes somos en realidad.

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