COVID-19, adolescentes y la nueva normalidad

Es un hecho que el 2020 será recordado por los cambios que ha traído a nuestra sociedad. Esta pandemia no solo ha provocado consecuencias económicas y sanitarias, sino que también ha generado cambios en el comportamiento de las personas. Nos han obligado a estar encerrados en casa y una vez los casos se han rebajado, se ha iniciado el plan de desescalada para recuperar gradualmente la ansiosa “nueva normalidad”.

Tras casi 120 días de cuarentena y desescaladas, ha llegado el momento en el que se puede hablar de una a aparente normalidad caracterizada por el lavado y desinfección constante de manos, el uso obligatorio de la mascarilla en los lugares públicos y la distancia interpersonal de 2 metros. Estas son las normas que el gobierno obliga a acatar. No obstante, como siempre, existe un grupo de gente que no siempre respeta las normas: los adolescentes.

Los adolescentes son los que más vida social acostumbran a tener y, por consecuencia, más contacto tienen con otras personas. En una situación de normalidad no habría problema alguno en cuanto a que los adolescentes se relacionen más o se relacionen menos. Pero en esta situación excepcional que vive el mundo, el distanciamiento social y, por consecuencia, la reducción de vida social ha sido un golpe duro para sus vidas. Acostumbrados a salir cuando querían, de repente se les ha obligado a respetar unos horarios para poder salir evitando al máximo los contagios.

Además, hay una norma que cada vez parece ser que cuesta más de seguir cumpliendo: el uso obligatorio de la mascarilla. Aunque los adolescentes son los principales que no la usan, también hay adultos que han desistido en usarla ya que según ellos, se ahogan y no pueden respirar.

Volviendo al tema principal, hay adolescentes que no respetan estas normas ya que creen que el coronavirus ya es “agua pasada”. Bien, pues para rebatir esto de que ya no hay tantos contagios existen pruebas. Pruebas como que en España, la edad media de contagios ha disminuido por debajo de los 50 años desde que se ha iniciado la segunda ola de contagios de coronavirus en ciudades como Lleida o Hospitalet de Llobregat.

Si la enfermedad antes afectaba a los ancianos, ahora afecta a gente más joven, factor positivo debido a que muy pocos jóvenes necesitan atención hospitalaria urgente. La mayoría de ellos son asintomáticos y con solo estar en cuarentena ya es suficiente. Ahora mismo, la noticia esperanzadora es que el nuevo perfil de contagiado es el joven de entre 15 y 29 años, asintomático y que no genera presión sanitaria al sistema.

No obstante, este último dato que “relaja” no es una señal de que podamos bajar la guardia. Si durante la segunda ola no se aíslan los casos correctamente, la media de edad podría incrementarse, provocando así también un aumento de los casos grande llegando incluso de nuevo al ahogamiento del sistema sanitario.

En mi opinión de adolescente, es cierto que es una situación nueva para todos, la cual necesita un especial grado de adaptación tanto por adolescentes como por adultos.

La adolescencia es la etapa rebelde en la que nada nos parece bien excepto lo que queremos y desde luego, el coronavirus no lo quiere nadie. Además, hemos visto como nuestras vidas se han visto totalmente interrumpidas por una pandemia mundial.

Cuando tenía 14-15 años pensaba: cuando tenga  17 años saldré de fiesta, estaré todo el día con mis amigos en la calle y será una adolescencia para recordar siempre con mis amigos. Pues parece ser que no va a ser exactamente como pensaba. Es decir, fiesta no habrá para evitar aglomeraciones y eso a veces me genera un sentimiento de frustración.

Es decir, ¿por qué hay personas que pudieron tener una adolescencia normal y yo no podré? Claro está que estamos peor que hace 1 año pero mejor que hace 20. No estoy tratando de hacerme la víctima, simplemente digo que pensar que no tendré la misma adolescencia que ”me pertocaba” me da rabia.

En cuanto a lo de saltarse las normas… si nos las saltamos es por dos razones. Por ejemplo, la mascarilla sí que hay veces que no la llevamos puesta pero la medida de la distancia interpersonal de 2 metros es difícil de lograr teniendo en cuenta el carácter y la manera de tratarnos con los otros.

Aun así, es verdad que los adolescentes deberíamos concienciarnos más sobre la situación que estamos viviendo y asumir de una vez nuestras responsabilidades para evitar que el problema se haga más grande.

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