Unas líneas desde mi celda: Mi mensaje para otros jóvenes

A veces pienso en qué momento mi vida dio aquel giro que me llevó hasta donde estoy ahora. No diré mi nombre, pero hoy escribo desde mi celda en el Centro Penitenciario Monterroso (Lugo).

En realidad, hubo un tiempo en el que nada parecía indicar que acabaría aquí. Yo era un chico “normal” y con ciertas capacidades para el estudio; salía con amigos, iba a fiestas y consumía drogas para “descontrolarme” un rato, sin plantearme que eso tuviera un especial peligro. Para mí, todo se reducía a sentirme más animado, reírme un rato y creer que mi vida era más entretenida. No pensaba en controlar nada, porque la gracia estaba en la libertad de descontrolarse un rato con los colegas.

Pero, poco a poco, esa supuesta libertad me acabó atrapando. Empecé a gastar cada vez más dinero en drogas, dejé los estudios y me distancié de mi familia, que ya no reconocía al chico alegre de siempre. Con el paso del tiempo, no podía pasar un día sin consumir. Abandoné mis estudios, abusé de mi familia y perdí a mi pareja y a muchos amigos que de verdad me querían y que acabaron por dejarme atrás. No los culpo… Mis planes se condicionaban cada vez más por la posibilidad del consumo, llegué incluso a dejar de ir a fiestas por la comodidad de una casa en la que consumir. Al final, mi vida entera giraba alrededor de la siguiente dosis que, de tanto uso, ya no me sabía igual. Como no bastaba y ya era incapaz de mantener un trabajo, cometí errores cada vez más graves, gasté lo que no tenía, me endeudé con quien no debía y caí en problemas de los que no supe escapar.

Así terminé en prisión, enfrentando lo duro que es abrir los ojos y ver hasta dónde llegué. No ha sido fácil de aceptar. Aquí, entre estas paredes, he comprendido la importancia de intentar luchar por construirme una segunda oportunidad. La rehabilitación en mi caso es la única posibilidad de tener una vida cuando salga de aquí.

Pero ahora siento la necesidad de lanzar este mensaje a otros jóvenes y adolescentes: “Muchos de los que puedan leer estas líneas, incluso sintiendo lástima por mí o creyendo que algo así nunca les pasaría, no se dan cuenta de lo fácil que es caer en esta espiral. Porque, en realidad, no están tan lejos de lo que yo era hace unos años. Ojalá mis palabras sirvan para que quien esté en ese momento de duda abra los ojos a tiempo, si ves las señales pide ayuda y no esperes la humillación de perderlo todo.” Solo debes buscar en internet: “Centros de desintoxicación”, en tu ciudad, y llamar para que te asesoren. También puedes hablar con tu médico de cabecera.

Yo soy un afortunado porque a pesar de todo el daño que he causado, aún tengo gente a mi lado que mira por mí y está esperando para ayudarme y acompañarme cuando salga de la cárcel y escape a mi adicción; sin embargo muchos se han quedado por el camino y otros no saldrán jamás de sus rutinas de consumo y problemas sin encontrar más un rostro amable en que apoyarse.

Atentamente, JR
Interno en la Prisión de Lugo

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