¿Se ganó Chávez la fama de déspota?

Ayer, 5 de marzo, mientras muchos de nosotros estábamos preocupados por la lluvia o por el fútbol, Venezuela perdió a su comandante, Hugo Chávez.

Líder polémico donde los haya, Chávez se ganó su popularidad por sus constantes peleas con cualquiera que le contradijera. Pero esto no tendría que sorprendernos, puesto que la Revolución Bolivariana que quiso llevar a cabo ha sido interpretada, tanto por la derecha como por la izquierda, como un régimen comunista camuflado de democracia participativa. Y sus amistades más conocidas dentro del mundo político, como la que mantenía con Fidel Castro, juegan a favor de esas sospechas. Estas sospechas se basan en los comportamientos que adoptaron los líderes políticos una vez electos: concentraron el poder, removieron contrapesos institucionales, debilitaron a la oposición, abusaron de los derechos humanos y cerraron espacios de libertad.

Se convirtió en uno de los ejemplos más claros de líder populista. Sus orígenes humildes y su juventud revolucionaria le permitieron erigirse como el “salvador” de Venezuela, un país que había visto fracasar su gobierno, lleno de corrupción, una y otra vez. Así es como sus antecesores le facilitaron el camino hacia la presidencia.

Toda su trayectoria se inició en su época militar, en la que, junto a otros compañeros de izquierdas, planeó varios golpes al orden político. En el intento de dar un golpe de Estado en 1992, Chávez fue encarcelado junto con su séquito.

Durante los dos años que pasó entre rejas, se convirtió en un héroe para la población más humilde. Cuando consiguió el indulto, el pueblo le levantó a hombros (literalmente) y empezó a difundir su mensaje. Toda su campaña, adornada de anécdotas sobre una familia y una infancia pobres, caló hondo entre la mayoría de la población venezolana, que veía en él un líder cercano y comprensivo que les brindaría la oportunidad de obtener mejor calidad de vida y así hacer de su país un lugar con más igualdad social y más oportunidades.

Así fue como ganó las elecciones presidenciales de 1999 y empezó a instaurar un concepto de revolución política que se popularizó a raíz de las declaraciones de Chávez sobre su propuesta política para acabar con la crisis socioeconómica del país. Se trata del “Socialismo del siglo XXI”, un proyecto totalitario iniciado por Dietrich.

Es cierto que su proyecto político incluía repartir la riqueza que se generaba en el país, destinando una partida presupuestaria estatal masiva a la expansión de programas de educación y de salud, financiados por la exportación de petróleo que EE.UU. codiciaba.

Pero lo que más se ha criticado es su metodología para conseguir que esos beneficios se quedaran en el país. Las estrategias planeadas por el “chavismo” se resumen en:

  •  Una “economía equivalente”en donde cada ciudadano no obtiene sus ingresos en base a su esfuerzo, creatividad, conocimiento, preparación, y un largo etcétera sino simplemente del tiempo empleado para realizar un producto o servicio. De este modo, el ciudadano pierde la libertad de decidir cuánto vale su trabajo y es un grupo de burócratas “acomodados” en el Estado el que planifica e indica cuál es la equivalencia y pago por cada “tiempo empleado”.
  • Desaparece la propiedad privada y el Estado maneja los medios de producción.
  • Se extinguen la religión y los medios de comunicación por considerarlos “instrumentos de deformación ideológica”. Por ejemplo, cerró el canal privado Radio Caracas Televisión Internacional (RCTVI), según él por no cumplir con las normas fijadas para televisiones nacionales, calificando al canal de “Desestabilizador” y “Golpista”. Y tampoco se cortaba con medios extranjeros. En España saltó la polémica cuando Venezuela prohibió la entrada al equipo de “Salvados” con 48 horas de antelación, después de que la embajada venelozana no pusiera ninguna dificultad. Me viene a la mente también el cierre de TV3 en Valencia por parte del PP, mientras siguen en antena cadenas como TeleMadrid o Intereconomía. Deduzco que ni chávez ni el Partido Popular seran muy seguidores de Chomsky

“Si crees en la libertad de expresión entonces crees en la libertad de expresión para puntos de vista que te disgustan”.

En resumen, la huella que Chávez deja en la economia de Venezuela es el malgasto de los beneficios del petróleo y la huida forzada de los inversores y empresarios extranjeros. Y por desgracia, las interminables comparecencias y discursos no dan de comer al pueblo.

Y para acabar, una vez después de su muerte, se sigue con la paranoia conspiratoria contra EE.UU. que él mismo inició. Entre otras muchas declaraciones que alimentaron esa enemistad, podemos encontrar las acusaciones de que la enfermedad que padecía había sido “inducida y provocada por el enemigo”. Ayer, cuando el vicepresidente anunció su muerte, volvió a acusar al enemigo de la muerte de su comandante.

Habrá que estar pendientes de cómo supera Venezuela la pérdida de su querido comandante.

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