relacion entre rita barbera , el profesor peña alonso y fernando alonso, que despues de no saber donde esta la alcaldesa todavia le deben 50 millones a fernando

Los chiringuitos del Mar Menor y las anteojeras de burro: los regantes del Campo de Cartagena intoxican el debate público con reduccionismo a sueldo

De como el marketing en la política aleja la ciencia de los problemas ambientales

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Cultivos intensivos en el entorno del Mar Menor. Foto: La Opinión de Murcia

Aunque en las sociedades hiperespecializadas de hoy en día pueda resultar chocante, decía Ortega y Gasset (ya en la primera mitad del siglo XX) sobre esta tendencia que “la máxima especialización equivale a la máxima incultura”. Al fin y al cabo, la especialización consiste en saber “cada vez más sobre menos” hasta “saberlo todo sobre nada”. Sin una importante base general, y de ramas relacionadas con el propio campo de conocimiento, la especialización excesiva lleva a lo que en alemán se denomina un Fachidiot.

Afortunadamente, llevamos ya algunas décadas desarrollando disciplinas de carácter más sintético (como por ejemplo las Ciencias Ambientales) y se crean cada vez más equipos de trabajo multidisciplinar, para asegurar que los problemas se abordan en toda su integridad. Aunque quede muchísimo trecho por recorrer al respecto.

Pese a la mala fama que goza (tal vez merecidamente, por la proliferación de incultos sin ni siquiera una especialidad), es el mundo de la política donde la necesidad de abordar los problemas de forma global, desde todos los ángulos posibles, es más perentoria. Y siempre teniendo en cuenta las (contradictorias y cambiantes) preferencias de las sociedades a las que representan.

Como obviamente hacen falta ciertos grados de especialización, los parlamentos funcionales se nutren de un importante número de diputados, y estos se organizan por comisiones de trabajo. En estas comisiones, cuando se trata un asunto específico, además de abrir plazos de consulta pública (pudiendo enviarse alegaciones), se acaban invitando para una audiencia pública a diversos especialistas (de diferentes disciplinas) y representantes de la sociedad civil.

Este es el caso de la tramitación parlamentaria del llamado Proyecto de Ley de Protección Integral del Mar Menor, que en estos momentos ocupa buena parte de las sesiones de la Comisión de Política Territorial, Medio Ambiente, Agricultura y Agua en la Asamblea Regional de Murcia.

Ver los vídeos de las intervenciones (al final de esta entrada) no tiene desperdicio, tanto por lo que dice acerca de los especialistas a los que invitan los diferentes grupos parlamentarios, como sobre todo por ciertas actitudes de los políticos: más orientadas a soltar su discurso que a aprender (salvo algún dato que pueda reforzar su discurso), y aparentemente con las decisiones ya tomadas de antemano. ¿Para qué tanta comisión y tanta audiencia, si de entrada ya se actúa así?

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Del negacionismo a las falsas soluciones de final de cañería

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Corte geológico del sistema acuífero del Campo de Cartagena. Fuente: García Aróstegui (IGME)

La evolución del discurso público en torno a la problemática del Mar Menor es de lo más significativo a la hora de juzgar la actitud de los distintos partidos políticos. Y es que, pese a que las advertencias científicas y ecologistas se remontan a los años 70 y 80, desde el Gobierno Regional generalmente se trataron estas advertencias con desdén, tildándolas de “alarmistas” o “catastrofistas”. Incluso se reclamaba incrementar más todavía la agricultura intensiva, con las campañas a favor del Trasvase del Ebro bajo el eslógan de “agua para todos”.

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