enfrentamiento social

Las élites políticas del estado, tanto centralistas como nacionalistas, llevan años promoviendo el enfrentamiento social para, entre bambalinas, mantener sus privilegios intactos. Por eso, por ejemplo, a día de hoy sólo un hijo de los Pujol ha sido condenado, y ya hace un tiempo que sale a la calle con permiso de trabajo; por eso Urdangarin disfruta de los mismos o mejores tratos de favor. Esta ejemplar cleptocracia es insostenible sin su simbiosis parasitaria.

Tras la sentencia del Procés, adecuadamente dictada en fecha y forma frente a las próximas elecciones, es hora de que el régimen del 78 recoja los beneficiosos frutos de su siembra de odio y división. La desaparición de ETA y la progresiva normalización de la vida política en el País Vasco exigían a las cloacas del estado la necesidad de un nuevo enemigo interior, un pelele con el que distraer a la gente de sus problemas reales. Acabar con el estatuto catalán y avivar el nacionalismo a uno y otro lado era la mecha perfecta para la bomba social que necesitaban. Porque, ¿qué haría la gente sin sus dos minutos de odio diario?, después del 15M en 2011… ¿fijarse en la corrupción y la cleptocracia de este reino, heredado de la única dictadura fascista que sobrevivió en Europa?. ¿Y qué sería lo siguiente, darnos cuenta de que compartimos nuestras problemáticas y que sus causas y causantes suelen ser las mismas?, ¿crear un partido y luchar juntos contra los problemas que asolan el país?. Por eso una buena hoguera siempre abriga. Y quizá haya disturbios en Cataluña, pero ¿qué es eso a cambio de que hoy Arthur Mas duerma tan tranquilo como Felipe VI o Pédro Sánchez?. Todos vuelven a abrazar sus almohadas tranquilos, sabiendo que sus privilegios se mantendrán intactos por medio del viejo divide y vencerás. Ya consideran las urnas cantadas.

Por eso el 15M, y algo antes que ellos #nolesvotes (ni PP, ni PSO, ni CiU), tenían razón: todos ellos son lo mismo. Aun recuerdo la solidaridad entre Madrid y Barcelona, durante y tras las cargas policiales contra el 15M, cuando en uno y otro lado los coros de apoyo entre pueblos te ponían los pelos de punta. No hace ni diez años de aquello, y casi todos nuestros problemas han cambiado poco o nada, son ellos los que han cambiado los guiones de sus respectivos relatos para intentar dividirnos a toda costa.

Pero todo esto no es solo cosa del statu quo, habría sido posible sin la obtusa insolidaridad de la supuesta «izquierda» nacionalista catalana. Si hubieran sido realmente solidarios con los problemas sociales de su gente, habría buscado más y mejor autogobierno precisamente por la vía de la solidaridad con el resto de la gente. Por eso la izquierda es, más allá de su apoyo al derecho de autodeterminación, precisamente internacionalista. Si la «izquierda»nacionalista se hubiese apoyado en los partidos del estado español que buscan más y mejor democracia para todos… habríamos ganado todos, y probablemente estaríamos más cerca de, o tendríamos ya, una República… ¡para todos! Eso es la solidaridad entre pueblos y así Cataluña habría avanzado infinitamente más en autogobierno. En vez de eso se ha espoleado un conflicto que sólo beneficia a las oligarquías de los respectivos terruños. Y todos los demás salimos perdiendo… como siempre.

Pero exisitimos quienes hace mucho que ya no creemos ni a unos ni a otros. Y ya se lo llevamos gritando camino a una década: no nos representan. Y seguimos aquí. Quizá no debería abrazar tanto sus almohadas.

Se puede engañar a algunos todo el tiempo y se puede engañar a todos durante algún tiempo. Pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.

Cita popularmente atribuída a Abraham Lincoln

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