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No es la primera vez que en un partido de fútbol donde los menores hacen deporte y se divierten, el momento queda empañado por la falta de respeto de algunos adultos. En esta ocasión, un niño de 11 años demostró tener más sentido común y respeto que algunos de los padres que estaban en las gradas.
Durante el encuentro del Avilés Stadium y el Deportivo Valdés en el Complejo Deportivo de La Toba, el pasado 8 de febrero, el jugador Pablo Hernández de la Tercera Alevín asturiana consideró injusto el trato de los padres hacia la joven colegiada y así se los hizo saber.
Durante el partido, un sector de la grada se dedicó a insultar a la árbitra del partido, Ana López, de apenas 19 años. Superada por todos los gritos y protestas que estaba escuchando, la joven rompió a llorar. En ese momento, Pablo se dirigió enfadado a la grada para recriminar a los padres y madres su conducta, diciéndoles: “Callad y dejad a la árbitra tranquila de una vez, ¿no veis que está llorando? ¡Parad, parad!”. Cuando finalizó el encuentro, Pablo se reunió con la árbitra para explicarle:
Me daba pena que llorases y me parece que la situación ha sido injusta. Son los padres los que deben trasmitir otros valores.


