¡Bravo, Fernando!

Fernando Alonso es uno de los más grandes pilotos de la Fórmula 1. Así lo consideran periodistas especializados y, lo más importante, muchos de sus compañeros y rivales.

Como toda carrera deportiva, la del piloto asturiano tiene también un final en la F1 (o un “hasta luego”, dicen) y ese final no ha sido decidido por el equipo o un directivo de una gran marca sino por Alonso, cuando y como él ha querido.

Es de los pocos pilotos que ha podido hacerlo ya que se pueden contar con los dedos de las manos los que han seguido manteniendo o mejorando el ritmo a lo largo de toda su carrera. Por ello, ha sido y es un ejemplo para sus rivales veteranos y noveles, un modelo a seguir.

Dicen que allá donde va “ha creado división”. Me hubiera gustado ver la reacción de Michael Schumacher, Niki Lauda o Ayrton Senna en aquel estúpido equipo de McLaren dirigido de manera nefasta por Ron Dennis, quien hacía todo lo que estaba en su mano para que ganase su compañero de equipo, Lewis Hamilton.

Alonso es un campeón y, como tal, es de raza competitiva. Si no puedes manejar a tu antojo a un lobo es porque no se debe. Lo fichas para que muerda, no para que te obedezca al grito de “sit down!”.

El asturiano no es de esos. Es un tío que siempre quiere ganar y, en un par de ocasiones, ha logrado el campeonato. ¡Casi nada! Lo que sucede es que todo aquél que haya seguido su carrera deportiva en la F1 sabe que sólo dos títulos mundiales para un piloto de su categoría es poco, muy poco. Schumacher, un piloto de un nivel parejo a Fernando (según comentó Felipe Massa, quien compartió equipo con ambos) consiguió nada menos que siete títulos.

A pesar de ello, el tiempo pone a cada uno en su sitio y la historia le reconocerá como uno de los más grandes de este deporte. Puedes estar orgulloso, Fernando. Bravo.

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