Siri, Alexa, Google Assistant te espían… porque les dejas

La vitualización de la rutina diaria que venimos sufriendo en los últimos años nos ha desprendido de la provacidad poco a poco. Siri, Alexa, Google Assistant y todos sus sucedáneos nos acompañan cada día, en todo momento. Saben dónde estás y cuándo, con quien hablas, dónde estás y a dónde te diriges, lo que te gusta y disgusta… En definitiva, lo sabe todo sobre ti, pero lo paradójico de este asunto es que tienen toda esta información porque consentimos en su cesión.

El último escándalo de espionaje (consentido) ha rodeado al asistente virtual de Apple, la famosa Siri, quien escucha tus conversaciones y las transmite a la empresa para conseguir supuestas mejoras de funcionamiento. ¿Hasta cuándo vamos a consentir esto?

“Siri escucha conversaciones privadas y a parejas teniendo relaciones sexuales”, “Empleados de Google revelan conversaciones íntimas de los usuarios con el asistente virtual”, “Apple espía conversaciones de los usuarios con Siri”. Son solo algunos de los últimos titulares que hemos podido leer durante los últimos meses, noticias que no provocan más que un ligero malestar temporal en los usuarios de estas aplicaciones espía.

A cualquier persona que reflexione un instante le repugnará leer cualquiera de esas noticias. Sin embargo, la gran mayoría las olvida rápidamente por la comodidad que aportan esos asistentes. No tener ni que mover los dedos para teclear en un buscador lo que necesitas (no hablo de Google o Bing, por su puesto) es un pequeño salto en esa comodidad por la que muchos están dispuestos/as a ceder datos sobre tus gustos sexuales, por ejemplo.

Las noticias del espionaje que sufrimos han venido acompañadas de explicaciones de Google, Apple, Amazon, Microsoft, etc. Dichas explicaciones han consistido, normalmente, en informar sobre cómo usan esas compañías esa información. Sin embargo, no creo que nadie con dos dedos de frente quiera almacenar datos privados o incluso comprometedores en un servidor a miles de kilómetros con la mera garantía de palabra del CEO de turno. ¿O sí? Porque es lo que parece, por el momento.

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