La era de la esclavitud del “Like”

Observamos habitualmente como los jóvenes y sobre todo las jóvenes adolescentes cuentan con desesperación los “likes” obtenidos en sus canales de redes sociales, mayoritariamente Instagram y Facebook. Su ansia por conseguir esa popularidad virtual y efímera les lleva a pedir esos clics a sus colegas de clase, familia y conocidos.

A pesar de ser todavía joven y ser un usuario activo en las redes sociales siento cierta desconexión respecto a los jóvenes hiperconectados que viven por y para el Like. No acaban de entender la futilidad de obtener reconocimiento virtual.

Yo, de mayor, quiero se youtuber

Hace años, el “chorri-oficio” era futbolista o cantante. Ahora es youtuber, “influencer” en las redes sociales, populares a base de “Me gustas” en sus fotos y resto de posts en sus canales.

Y, ¿qué sucede cuando lo consiguen? Nada. Les conocen por la calle (¡uy qué bien!) y poco más. Porque no lograrán éxito profesional a menos que se dediquen al mundo del espectáculo y, desde luego, no se harán millonarios en pocos días. En el peor de los casos, te puedes llevar una buena leche como el famoso “Caranchoa” quien, a la caza de likes en sus vídeos, cazó una torta de un personaje con malas pulgas.

Es tal el afán de muchos jóvenes por alcanzar la popularidad virtual que incluso llegan a arriesgar sus vidas y, en algunos casos desgraciados, lo han pagado con sus vidas. Andrey Retrovsky, Deleon Alonso Smith, Anna Ursu… Son algunos de los casos de jóvenes que han muerto al tratar de hacerse selfies en situaciones límite.

Pero no todos los casos absurdos de “postureo online” tienen tan fatales consecuencias. En ocasiones tan sólo (léanlo con tono sarcástico) acaban con ataques psicóticos o de histeria, como el caso de un joven norteamericano que entró en pánico tras casi 100 fotos al no conseguir la foto perfecta que ansiaba.

Estos son sólo algunos casos, los hay a montones. Pero el objetivo de estas letras no es hacer una recopilación de todos ellos. La intención del que las escribe es tratar de hacer entender al lector que lo que sienten los jóvenes frente a su móvil cuando graban vídeos y se hacen fotos para sus redes sociales es narcisismo descontrolado, un sentimiento que no pueden controlar y del que no aceptan opiniones críticas.

Sólo ellos y ellas, los protagonistas de esta fiebre, son los que deben decidir tomar perspectiva sobre al asunto y dar la importancia adecuada a las opiniones de los demás, más aún en el ámbito virtual. Así lo han hecho varios influencers y famosos quienes, agobiados por la presión del “like”, decidieron olvidarse de su popularidad digital para valorar la más cercana. Supongo que es algo que llega con los años o cuando lo aprendes por las malas…

Ah… Por cierto, si pueden compratir este artículo en Facebook y Twitter les estaré agradecido.

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