Sí, era necesario que publicaran la foto del pequeño niño ahogado

Cuando la autora de la fotografía, Nilufer Demir, se dio cuenta de que ya nada se podía hacer por el pequeño decidió hacer la foto “para mostrar la tragedia”, según confesó en la prensa.

“Ojos que no ven, corazón que no siente”, dice el refrán. Si no vemos el horror, nuestro mecanismo mental de defensa recurre a obviar el drama que viven familias enteras que arriesgan sus vidas para llegar a Europa, pereciendo muchas de ellas por el camino. Sabemos lo que sucede, pero ocurre todo tan lejos…

En su día, la Administración obligó a mostrar imágenes desagradables en las cajetillas de tabaco para enseñar los estragos del cáncer que produce esa droga. ¿Por qué? Para mostrar la realidad, para instruir a las personas sobre el veneno que introducían en su cuerpo con cada calada. Ésta y otras medidas produjeron un descenso continuado en el consumo de tabaco.

Es un ejercicio de ligera hipocresía tolerar tales imágenes como aceptables medidas de concienciación y ponerse las manos en la cabeza en gesto de horror al ver la imagen del cuerpo de Aylan Kurdi, el pequeño de 3 años muerto ahogado en las playas de Turquía.

Sí, cuesta imaginar una imagen que rompa tanto el alma de un ser humano como la de un pequeño fallecido cuando apenas ha empezado a vivir. Y es precisamente la tremenda desgracia que muestra esa fotografía lo que me empuja a creer necesaria su presencia en varios medios de comunicación. Quizás gracias a ella muchos tertulianos, políticos y periodistas puedan opinar con una buena dosis de realidad frente a sus ojos y dejen de hablar de cifras de fallecidos como meros datos estadísticos.

La crudeza de la imagen y el nudo en la garganta que provoca en muchos quizás sirva para comprender un poco lo que empuja a padres y madres a poner en riesgo sus vidas y, lo que es peor, la de sus hijos, cruzando el mar sin medios y con la luz de la costa europea en el horizonte. Por desgracia, para muchos esa luz se ha desvanecido de la forma más terrible.

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