¿Soy un joven nomofóbico? ¿Padezco FOMO? ¿Y tú?

Recién “aterrizado” en casa, llego de un corto viaje que me ha alejado de casa durante un par de días. Hasta ahí, todo normal. Sin embargo, cometí el error de olvidar el móvil en casa, despiste que, más allá de los problemas prácticos derivados de andar “incomunicado” o ilocalizable durante unas cuantas horas cada día, me ha acarreado más estrés y ansiedad del que me gustaría reconocer.

La nomofobia, abreviatura de la expresión inglesa “no-mobile-phone phobia”, es el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil.

La definición que ofrece la Wikipedia es bastante clara aunque saber si sufres el grado de “miedo irracional” suficiente como para ser calificado de nomofóbico es otro asunto que debería ser estudiado por (imagino) un psicólogo.

Aarrrrhg!!!En mi caso, sí sufrí estrés… y bastante. A saber: un conjunto de sensaciones de congojo, de malestar y de “malalechismo general” que no me dejó disfrutar al 100% de ningún momento alejado de mi (¿querido?) smartphone android.

Una investigación realizada en Reino Unido, también referenciada en la Wikipedia, demostró “que los niveles de estrés de una persona con nomofobia son equiparables con los nervios que se tienen el día antes de la boda o de la visita al dentista”. ¿Os parecen las conclusiones de esa investigaciones exageradas? Pues no, ¡qué va!

Tras el primer instante en el que recuerdas haber olvidado el móvil empiezas a pensar en todas las llamadas y ‘whatsapps’ que ibas a recibir. Ya sabéis, aquello de “¡Sí, quedamos el lunes para cuando llegue! Envíame un whatsapp y te confirmo, ok?”… Y no, no lo vas a confirmar… y pensará que pasas de contestar… y no podrás quedar… y se enfadará… y…

Obviamente, lo primero que hice cuando llegué a casa (ni siquiera saludé a mis padres!) es agarrar con dos manos el móvil para comunicarme. Y observé un fenómeno curioso: aparte de los mensajes esperados había amigos y amigas preocupados porque no daba señales de vida. Ninguno de ellos pensó llamarme al teléfono de casa… Al fin y al cabo, formo parte de ese grupo que podríamos llamar “¡No sin mi móvil!” y mis colegas lo saben.

Pero, hay más: ese síndrome nomofóbico puede venir acompañado de otro conocido como “FOMO” (Fear of missing out), es decir, miedo a perderse algo, a no enterarse de una noticia, comentario, llamada, etc. Se trata de un fenómeno que es bastante actual y que empieza a acentuarse en estos días que vivimos de redes sociales hasta en la sopa: ¿cuántos “me gusta” ha recibido mi comentario en Facebook? ¿Han retwitteado mi último tweet? ¿Hay double check en el whatsapp que he enviado?

Imagino que sin éste no existiría el otro, es decir, sin sufrir FOMO no padeces nomofobia, ¿no? En fin, nuevos tiempos, nuevos problemas.

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