El origen de las torturas de la CIA

En estos últimos días se han vuelto sacar a la luz los famosos métodos de tortura que practicaba – y practica – la CIA. Los titulares sensacionalistas nos llaman la atención y con interés leemos la noticia que nos describe, con todo detalle, de qué forma se torturaba los presos. Pese a las denuncias a nivel internacional, por parte de la ONU, la CIA ha perpetrado sus torturas des del siglo pasado y según parece son inmunes a las leyes que son aplicables al resto de la humanidad.

Nunca nadie sabía nada y los que sabían, efectivamente, no creían que lo que estaban haciendo fuera contemplado como “tortura”. De hecho, todo es estrictamente necesario para defender a la población de los terroristas. Se puede entender como “el fin justifica los medios”. Los enemigos para Estados Unidos siempre están ahí, aguardando en cada esquina para que en el momento menos pensado los apuñalen por la espalda. Una amenaza constante se cierne sobre ellos, pretexto que justifica las ocupaciones militares en otros países y las intervenciones de la CIA.
El pasado nueve de diciembre, el ABC publicaba, “Las torturas ‘brutales’ de la CIA ‘no han sido eficaces’, según el Senado de EE.UU”. El mismo día El País nos decía que “Estados Unidos destapa la guerra sucia de la era Bush”. Al día siguiente El Mundo rezaba en su titular “Las torturas de la CIA: inyecciones por vía rectal, amenazas sexuales y privación del sueño durante días”. El once de diciembre el mismo periódico nos volvía a hablar sobre las torturas, “Guantánamo, en el objetivo”, y el día veintidós, el 20Minutos publicó “La CIA utilizó amenazas sexuales y torturas no autorizadas que nunca ‘fueron efectivas’”. Como ocurre en la mayoría de veces, vende más la parte sensacionalista y en este caso son las torturas. Un ejemplo es el “interrogatorio reforzado”, más conocido como waterboarding, sobre el cual no se ha parado de hablar, incluso se han emitido imágenes sobre este ahogamiento simulado. Probablemente todos ya conozcamos las interminables torturas, pero poco sabemos acerca de qué ha sido de la gente que las recibe y de qué pasa con la gente que las lleva a cabo: ¿habrá represalias para ellos?, ¿son realmente terroristas a los que capturan?, ¿hay indemnización para ellos? Estos datos parecen poco interesantes y tampoco llamarían tanto la atención a la población como la descripción detallada de una tortura.

Volviendo al siglo XX, existía un psiquiatra escocés-estadounidense llamado EwenCameron que tenía a su cargo un hospital psiquiátrico. Para poder entender el posterior trabajo de éste, hay que destacar que en la época de los cuarenta se había popularizado la técnica de electroshocks en la clase psiquiátrica de Europa y América del Norte. Cameron estaba particularmente interesado en los electroshoks, hasta tal punto, que dejó de lado su método freudiano. Lo que pretendía era recrear la mente de sus pacientes y no curarla. El método se basaba en la explicación de Aristótil sobre esta tabula rasa que tenemos al nacer y la que vamos llenando a medida que vamos creciendo a través de las experiencias. El problema era que sus pacientes ya tenían llena su tabula rasa y para poder “quebrar las viejas pautas y modelos de comportamiento patológico” había que hacerlo de una forma muy particular.

Primero se devolvía la mente a este estado de tabla vacía (erradicar las pautas), suministrándoles drogas; seguidamente, se atacaba el cerebro con todos los elementos que interfieren en su funcionamiento normal (shock y conmoción). El segundo paso era la implantación de la conducta del sujeto. Les ponían cintas grabadas con mensajes como, “Usted es una buena madre y una buena esposa y la gente disfruta de su compañía”, durante dieciséis o veinte horas diarias. A un paciente se le llegó a poner interrumpidamente durante 101 días. Se daban efectos secundarios como la amnesia, la incontinencia urinaria y fecal, la regresión (se chupaban el dedo, adoptaban posiciones fetales, los alimentaban como bebés, lloraban reclamando a sus madres, confundiendo a menudo a los médicos y enfermeras con sus padres). La regresión en algunos pacientes llegaba a ser completa, olvidándose incluso de andar y hablar.

Ewen Cameron convirtió los establos de la parte posterior de la institución en espacios individuales de aislamiento, construyó “celdas de aislamiento” en el sótano, insonorizó e instaló altavoces que emitían un ruido blanco, es decir, un sonido monocorde permanente. Eliminó la iluminación y cada paciente recibía un par de anteojos oscuros y tapones de goma para las la universidad, dio origen a estos experimentos macabros del psiquiatra escocés. Los estudiantes voluntarios aguantaron dos días y lo tildaron de un método de tortura. Conociendo este dato, Cameron obligó a un paciente suyo a estar 35 días.orejas. Se les forraron los brazos y las piernas con tubos de cartón para evitar el contacto de los pacientes con su propio cuerpo, y de este modo interferir en la percepción que tenían de su propio cuerpo, tal y como describía Cameron en 1956. Les obligaba a estar así durante semanas. Un experimento anterior a éstos, que lo llevó a cabo otro psicólogo, adversario de Ewen Cameron, pero con el consentimiento de los estudiantes de los estudiantes de la universidad, y que dio origen a éstos experimentos macabros del psiquiatra escocés, los estudiantes voluntarios aguantaron dos días y lo tildaron de un método de tortura. Conociendo este dato, Cameron obligó a un paciente suyo estar 35 días.

 

En esta época empezó la Guerra Fría y la CIA estaba bastante alarmada ya que había llegado a sus oídos que los comunistas estaban desarrollando nuevas técnicas de interrogación que tenían que ver con el lavado del cerebro. Por ese motivo, desarrollaron un programa (MKUltra), y por memorando descalificado sabemos que se gastaron más de 25 millones de dólares en 1953. Se gastaron esta cantidad para un programa que “examinaba y analizaba numerosas técnicas de interrogación poco habituales, incluyendo el acoso psicológico y otros métodos como el aislamiento total, así como el uso de drogas y sustancias químicas”. Al final aportó poca información y los resultados fueron poco concluyentes. Dado su fracaso, la agencia se empezó a interesar por los experimentos de Cameron y decidió darle una beca en 1957 a través de una organización pantalla Sociedad para Investigación de la Ecología Humana.

Cuando la agencia le subvencionó los experimentos, éste empleó una máquina para los electrochoques dos veces al día durante treinta días, alcanzando la friolera cifra de 360 descargas por paciente.

A esto le sumamos las drogas. La droga preferida de la CIA era el LSD y el polvo de ángel (feniciclinida), pero por escoger algunas más, el catálogo era bastante amplio y se podían encontrar diferentes ansiolíticos y otras drogas alucinógenas. Se les inyectaba cloropromacina, barbitúrticos, penatotal sódico, oxído de nitrógeno (gas de la risa), metanfetamina, Seconal, Nembutal, Veronal, Melicone, Thorazine, largactil e insulina. En 1956 se escribía en un artículo que el paciente, gracias a estos fármacos, “se desinhibía y sus defensas se debilitaban”. Una cosa completamente comprensible ya que a los pacientes se les drogaba durante horas hasta alcanzar un estado vegetativo y después se les sometía a los electroshoks, de manera que es imposible que sus defensas no se debilitaran.

Los hechos descritos ocurrieron en la década de los cincuenta y sesenta, ¿pero siguen igual hoy en día? No. Hoy en día no se utilizan pacientes de hospitales sino que se utilizan a prisioneros. Nuestros destinatarios de las torturas y métodos de humillación más crueles ya no son los enfermos mentales. Según la Cruz Roja, los oficiales militares estadounidenses han admitido que entre un 70% y un 90% de las detenciones en Irak fueron “errores”.

Es decir, han tenido la mala suerte de nacer en una zona de conflicto armado, en una zona de intereses políticos y económicos que originan estas guerras. En pocas palabras, son la cabeza de turco. Por lo tanto no son métodos eficientes que hagan hablar y confesar crímenes cometidos, sino que siguen siendo experimentos pero que han decidido trasladarlos en otro territorio donde la gente esté ocupada en salvar su vida y esté demasiado conmocionada y en estado de shock para que puedan hacerle caso a cuatro locos que quieran denunciar aquello. En Estados Unidos los pacientes con los que se experimentó lo denunciaron y fueron recompensados con una cifra que poco servirá para paliar los daños físicos y sobre todo psicológicos de la mayoría de ellos. Los supuestos “terroristas” no verán ni un centavo.

Abu Ghrain, en Irak, es una cárcel que simula los métodos que se emplean en Guantánamo: la humillación deliberadapara sofocar el orgullo y el ego, explotar el temor de los árabes a los perros, la privación sensorial a través del control de la luz, la sobrecarga sensorial con gritos y música a todo volumen y el estrés postural, puñetazos y patadas, cubos de agua helada (un prisionero murió por hipotermia), y alguna que otra corriente eléctrica con alambres cargados. En otra prisión situada en una base militar llamada Tiger, cerca de Al Qaim que albergaba entre 20 y 40 prisioneros, los prisioneros tenían los ojos tapados, grilletes y les obligaban a pasar 24h en contenedores metálicos, sin dormir, sin comer y sin agua. Y después de pasar por el espacio de privación sensorial, ya más “suaves”, se les sometía a las luces estroboscópicas y heavy metal. Recordemos que, de entre el 70% y el 90% fueron errores, gente que sufrió semejantes torturas y humillaciones ni si quiera eran criminales.

Desde la década de 1950 las torturas no han cesado. En noviembre de 2005 se localizaron 173 iraquíes en un calabozo del ministerio. Algunos habían sido torturados hasta el punto de que se les estaba cayendo la piel, otros tenían marcas de taladros en el cráneo o les habían arrancado los dientes y las uñas de los pies.el 90% fueron errores, gente que sufrió semejantes torturas y humillaciones ni siquiera eran criminales.

Los experimentos en el hospital de Cameron, convertido en laboratorio, parecen lejanos y parece que “ya pasó”, pero sólo han cambiado los discursos. Antes era para protegernos de los comunistas y ahora es para protegernos de los terroristas, pero realmente no vemos este enemigo. No en vano nos decía Orwell que la historia no tendría que olvidarse, sino todo lo contrario, tenerla presente siempre, ya que de ella se aprende a no cometer los mismo errores.

“Os exprimiremos hasta la saciedad, y luego os llenaremos con nuestra propia esencia.”
1984, George Orwell

 

 

 

 

 

Si se quiere profundizar más en el tema la mayoría de información se encuentra en el libro La doctrina del shock de Naomi Klein.

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