Calor en el aula

Faltan todavía unos días para llegar al verano pero echando una mirada a los termómetros uno bien podría decir que ya estamos en el mes de julio. Por desgracia aún no hemos cambiado de hoja en el calendario y seguimos en junio, a las puertas de esa estación que es para muchos sinónimo de vacaciones. A pesar de alguna tregua, las temperaturas ya han empezado a subir y consecuentemente realizar algunas actividades al 100% es cada vez más difícil: está demostrado que el calor disminuye el rendimiento.

Tanto influyen las temperaturas en nuestro modus operandi que en España incluso existe un decreto que regula los límites dentro de los cuáles se puede trabajar. El RD 486/1997, de 14 de abril, estipula que para trabajos sedentarios la temperatura debe oscilar entre los 17 y los 27 º C, y en los ligeros entre los 14 y los 25 º C.

La escuela no está exenta de estas legislaciones y mucho menos de las inclemencias del tiempo. Por todo el personal docente es conocido que los meses de junio y setiembre, cuando la mayoría de días supera los 30 º,  son meses complicados para los alumnos. Algunas aulas se convierten en verdaderos hornos y mientras los niños y niños se esfuerzan en realizar bien los ejercicios su sudor cae incesablemente por sus frente. El espacio puede hacerse muy sofocante y haber consecuencias como la que ocurrió en Sevilla hace dos años, donde un alumnos cayo desmayado por culpa del calor.

¿Qué se puede hacer al respecto? La respuesta parace evidente: instalar aparatos que garanticen unas temperaturas adecuados, tanto en invierno como en verano, y que conviertan la escuela en un espacio agradable, al menos en lo que a condiciones ambientales se refiere. A pesar de su sencillez teórica, se trata de una solución muy cara y consecuentemente alejada de las posibilidades de muchos centros. Un ventilador y en muchos casos unas ventanas abiertas de par en par acostumbran a ser la solución final.

La conclusión final la resume muy bien el refranero popular con el dicho “No le pidas peras a un olmo”. No podemos pedir a nuestros alumnos ni el mismo rendimiento, ni la misma actitud, ni la misma predisposición ajenos a condiciones externas como el tiempo. Es imposible. Y si no lo podemos hacer con los alumnos, óviamente menos con los maestros, que ya de por sí se enfrentan a situaciones de estrés y que con el calor se ven acentuadas.

PD1: Y todavía hay quien propone dar clases en julio…

PD2: Si en España sufrimos por las temperaturas, aquí os dejo algunas noticias de nuestros vecinos de latinoamerica de estos últimos días:

Paraguay: Aulas de escuelas públicas no están preparadas para bajas temperaturas 

México: Cierran secundaria por el intenso calor, Cientos de alumnos no soportan el calor y apenas empieza

República Dominicana: Se sofocan de calor estudiantes y profesores en Puerto Plata

Venezuela: El calor y las goteras dificultan aprendizaje en escuela de Barcelona 

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