¿España unida?

Ocasionalmente en cualquier conversación de ningún momento concreto sale por nuestras bocas alguna frase despectiva hacia nuestro país. No paro de escuchar al españolito medio quejarse de aspectos y sistemas de nuestro entorno actual. Igual son imaginaciones mías pero hay todo un halo de descontento sobre nuestra historia y muchos dedos acusadores sobre una bandera ya raída por el peso de los años. Por supuesto doy por sabido que ciertos grupos piensan que les iría mucho mejor por su cuenta y riesgo en el mundo. Ciertos gobiernos que existen en el ejemplo del niño malcriado al que le pones la vida lo más fácil posible, puesto que no deseas que sufra las mismas batallas que nos han llevado a la falta total de ambición, y se siente superior al progenitor al nivel de sublevarse y destruir todo por lo que hemos luchado durante tanto tiempo. Ni que hablar tengo de aquellas personas descerebradas que oyen la opinión de sufridores de tiempos pasados y no son capaces de observar con ojos lejanos, con el fin de aprender y mejorar errores de líderes ya enterrados. Ni siquiera voy a citar a ciertos personajes de altos cargos modernos que prefieren sostener el peso de nuestra cultura en viejas leyendas de otras civilizaciones con idiomas muertos, antes que sobre el valor y el poder de nuestra nación. Con todo esto no puedo evitar pensar que España no está destruida por una mala gestión política ni por una crisis que se veía venir de lejos. Está en el lugar exacto en el que todos y cada uno de nosotros la ponemos, en el que nuestro rencor hacia nuestro pasado la ha puesto. La pregunta está en el aire: ¿hemos llegado a ese punto de inflexión en el que no hay salida o todavía es posible alzar nuestros rostros hacia una nueva esperanza?

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