Desigualdades de género en el mercado laboral

A partir de la criIgualdadsis económica que estamos sufriendo hemos podido experimentar como las desigualdades entre hombres y mujeres han ido en aumento. En especial en el mundo laboral.

Desde siempre ha existido diferencias entre ambos géneros en muchos ámbitos de la sociedad, pero en el laboral es en que más está acentuado y generalizado.

La mujer estaba relegada al trabajo doméstico mientras el hombre se encargaba del empleo fuera de casa. De esta manera se asociaba el empleo remunerado a los hombres y el doméstico o no remunerado, que no se paga, a las mujeres. Pero hay que destacar que ambos son empleos, es decir, las mujeres amas de casa, jubiladas, viudas, paradas etc., efectúan una determinada actividad y de esta manera tienen que tener el mismo reconocimiento que aquel trabajo que se efectúa en una empresa externa al hogar.

En la actualidad y desde hace unos años, la mujer ha experimentado una incorporación masiva en el mercado laboral haciendo crecer la población activa del país. Este crecimiento no ha supuesto que el reparto de empleo sea igualitario, sino al contrario, la desigualdad sigue existiendo e incluso ha aumentado. El mercado laboral sigue poniendo obstáculos al acceso de las mujeres con precariedad de contratos, jornadas, condiciones salariales, etc.

En el siglo XXI la presencia de las mujeres en los mercados todavía es menor a la de los hombres, tanto en las economías desarrolladas como en aquellas que van a la cola. Destacando que las primeras con un mayor PIB por cápita presumen de haber superado las diferencias, pero sólo es un pequeño paso hasta llegar a la igualdad total.

Los empleos temporales y el trabajo a tiempo parcial en muchas ocasiones son la única vía de acceso al mercado laboral de muchas mujeres, ya que están tan interiorizados en la sociedad que se transforman en una obligatoriedad para las mujeres y no una opción a escoger.Igualdad

Una vez éstas están incluidas en el mercado laboral pueden experimentar segregación. Esta se puede ver reflejada de dos formas: de manera horizontal, concentrando a las mujeres en una rama o sector determinado, servicios, salud, educación…; o de manera vertical, concentrándolas en lo más bajo de un sector en concreto.

En lo que respecta a los sectores en los que más podemos encontrar al género femenino es en el público, ya que los empresarios privados no quieren asumir los costes sociales que generan las mujeres con la maternidad, haciendo que las desigualdades entre sector público y privado sean importantes. No importa la formación que tenga la mujer u el hombre, aunque la primera esté mucho más formada y capacitada para ocupar el puesto vacante, la condición de género y lo que esto conlleva es el factor más importante para ocupar el puesto.

La diferencia de actividad entre hombres y mujeres se ve reducida en la etapa de juventud, mientras que en la etapa siguiente y durante el resto de la vida laboral la discriminación aumenta debido a la maternidad, el cuidado de los hijos, de la familia, etc.

Además de estos factores, cabe destacar el fenómeno llamado techo de cemento que consiste en la autoimposición de las mujeres a decir no a la promoción ocupacional por el coste personal y familiar que ello conlleva. Es decir, las mujeres rechazan llegar a un determinado estatus laboral por lo que puede suponer dentro de la vida personal y familiar.

Otro tipo de discriminación que reciben las mujeres en el mercado laboral es el que va relacionado con el salario. Éste es de media un 23% más bajo en las mujeres que en los hombres, creciendo la brecha de desigualdad entre géneros. Otro dato a destacar es el del paro. Éste es más elevado en las mujeres, además de ser de larga o muy larga duración.

We can do it

Este fenómeno de discriminación lo podemos ver reflejado en todos los niveles de la sociedad. No debemos pensar que sólo sucede en aquellos más bajos. Un ejemplo muy claro es el ofrecido por la filtración a los estudios Sony Pictures. En los emails interceptados pudimos descubrir como la actriz Jennifer Lawrence cobró menos que sus compañeros masculinos de reparto en La gran estafa aunque ella era la protagonista.

 

Otro ejemplo interesante de un personaje mediático relacionado con la desigualdad de género en el mercado laboral es Mónica de Oriol, empresaria y presidenta del Círculos de Empresarios. Afirmó que prefería contratar a mujeres mayores de 45 años o con edades inferiores a los 25 por el amparo que le da la ley a las madres trabajadoras.

Con estos tres ejemplos he querido demostrar que aunque lo estamos intentando la desigualdad entre mujeres y hombres en el merado laboral sigue existiendo.

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