La obesidad es una patología traicionera

8 enero, 2018
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La presión sanguínea es un elemento físico en el que interviene un motor: el corazón; un fluido: la sangre y unas cañerías: las arterias, arteriolas y capilares, que cumple a rajatabla las leyes hidráulicas de presión igual a flujo por resistencia. Y es precisamente del flujo sanguíneo y de las resistencias vasculares de lo que depende la tensión arterial. Así como los límites de la tensión arterial normal no están claramente definidos,. y hay personas que viven sin problemas con tensiones arteriales de tan sólo 75 milímetros de mercurio de presión sistólica, los valores desde los que se parte para definir la hipertensión están afortunadamente más claros.

Se puede etiquetar a una persona de hipertensa si su presión arterial sistólica es superior a 150 milímetros de mercurio y/o su tensión arterial diastólica es igual o superior a 95 milímetros de mercurio. Presión sistólica, la máxima, es la que alcanzan las arterias en el momento de la máxima contracción ventricular cuando la sangre es expulsada por el corazón y diastólica es la tensión que permanece en los vasos una vez acabado el latido cardíaco cuando el corazón está ya en diástole. Es una patología muy común que afecta como media a una quinta parte de los seres humanos. No obstante, en determinados segmentos de población, sobre todo en los demás edad -a partir de los 65 años- la hipertensión es un diagnóstico habitual hasta en el 45% de las personas. Casi siempre la HTA es muda.

Es también una patología traicionera que «trabaja» lentamente, mes a mes, año a año, minando progresivamente el organismo de quien la padece pero sin dar apenas síntoma alguno. De repente, un buen día, el hipertenso, por ejemplo, pierde la conciencia a consecuencia de una hemorragia cerebral, o sufre un infarto de miocardio o comienza a encontrarse cansado y nauseoso debido a un fracaso renal ya muy avanzado. Paradigma de la medicina preventiva, la toma de la tensión arterial es uno de los pocos «chequeos» serios que cada persona debe realizarse periódicamente.

Mientras nadie ha conseguido demostrar que conocer de vez en vez la analítica sanguínea completa, la radiografía de tórax, el electrocardiograma o hasta las cifras de colesterol sirva para algo y se pueda mejorar -con esos datos en la mano- la calidad o la cantidad de vida de los chequeados, ningún médico formado duda del valor de conocer con exactitud la tensión arterial de las personas, En el mejor estudio prospectivo epidemiológico jamás realizado -el trabajo llevado a cabo, desde 1950 en la ciudad norteamericana de Framinghan- ha quedado demostrado que los hipertensos viven mucho menos y sobre todo mucho peor que los normotensos. El hecho está ya tan claro que en EEUU todas las compañías de seguros obligan a pagar una importante sobreprima a sus clientes hipertensos si estos pretenden contratar una póliza de vida. Las consecuencias de estar año tras año con la tensión elevada las paga, en general, el cerebro. Ahí, en sus vasos, es donde la hipertensión comete sus máximos estragos. Las paredes arteriales, castigadas por años de sobrepresión, se debilitan, pierden la elasticidad y algunas veces se rompen. La sangre, ya de por sí a mayor presión, inunda entonces un tejido friable, el cerebral, por demás encerrado en un compartimento estanco como es el cráneo. Las consecuencias de una hemorragia de estas características, aunque sea pequeña, pueden ser muy graves.

La hemorragia cerebral, que junto el infarto es una de las más temibles complicaciones de la hipertensión, es una de las más frecuentes causas de muerte en los países desarrollados. Y si el enfermo no ‘muere, la destrucción de tejido encefálico que la sangre produce le deja incapacitado, y cómo el tejido nervioso es casi irregenerable, las secuelas neurológicas de un accidente vascular cerebral casi siempre se matienen de por vida. En otras ocasiones en lugar de un problema vascular cerebral, el accidente es coronario. La hipertensión arterial, frecuentemente ligada a la hipércolesterolemia, se haya casi siempre asociada a la patología isquémica cardíaca. El hipertenso es un buen candidato a padecer infarto de miocardio. Desafortunadamente el hipertenso no sólo es eso.

Muchas veces, demasiadas, a la hipertensión se le unen otros factores de riesgo vascular como son el tabaquismo, la hipercolesterolemia y la diabetes. El resultado de sumar tanto factores que el riesgo de padecer un problema cardiovascular se multiplica comparado con el de las personas que no tienen patología cuantificable alguna. Pocas veces se sabe con exactitud la causa de la hipertensión. Aunque en un muy pequeño porcentaje, la razón de unas cifras de presión sanguínea altas, son secundarias a enfermedades tales como la estenosis de la arteria renal o ciertas enfermedades metabólicas, en general, en un 95% de las veces, la hipertensión es esencial. Esencial es una palabra que en Medicina tiene un especial significado: porque sí, porque no se sabe. Aunque la HTA está ligada con frecuencia a la obesidad, a agentes externos tales como el tabaco, el alcohol, las anfetaminas y la cocaína, y nadie duda de que existe una relación entre estrés e hipertensión, pocos conocen con exactitud el mecanismo íntimo por el cuál se produce hipertensión en algunas personas y en otras no. Sin duda hay un componente genético todavía no encontrado. Sin embargo, la HTA es mucho más frecuente en negros que en blancos como también es más frecuente entre aquellos que consumen abundante sal en la dieta en comparación con los que son más parcos en el consumo de sodio. Posiblemente el problema residirá en el endotelio vascular.

Según se puso de manifiesto en la Reunión Internacional de Hipertensión que la semana pasada se celebró en Madrid, el endotelio de las arterias es un organismo fundamental para entender por qué los vasos sanguíneos se contraen o se dilatan. Una arteria dilatada no opone resistencia al flujo y la presión intravascular es baja mientras que una arteria contraída dificulta el paso de sangre y hace que la tensión se eleve. Por tanto, ahí, en la capa que recubre todas las arterias, arteriolas y capilares del cuerpo humano es donde está la clave del porqué de las resistencias vasculares. Mientras que hubo una época en la que se dio una enorme importancia al flujo sanguíneo, al volumen plasmático y por tanto al sodio y al agua que éste arrastraba, hoy día se está considerando muy seriamente el protagonismo que el endotelio tiene en la hipertensión. Dado que el endotelio es una capa con una importante actividad metabólica, la mayoría de los científicos opinan que será de su estudio profundo de donde surgirán las respuestas del porqué de una patologia hasta ahora llamada esencial.

Y que será también del conocimiento del papel del endotelio vascular de donde se partirá para enfocar dé forma distinta de lo que hasta ahora se hace, la terapia de la HTA. El tratamiento de la hipertensión arterial es uno de los problemas más importantes de esta patología. No tanto porque no existan fármacos que consigan controlar totalmente la tensión arterial, que los hay, o por los efectos secundarios que algunos producen si no, y sobre todo, por la desidia de los propios enfermos. Hasta la mitad de los hipertensos se toman poco en serio su problema. Inconscientes de los peligros a largo plazo de su patología, insensibles a la misma -dado que no padecen síntoma alguno muchos hipertensos, en cuanto tienen la tensión arterial controlada, se alejan de las farmacias. Simplemente dejan los medicamentos. La mayoría de ellos, al abandonar las píldoras, vuelven de nuevo a tener la tensión arterial elevada. Pocos son los pacientes que disminuyen drásticamente el consumo de sal, todavía menos los que pierden peso y sólo un pequeño número se conciencia lo suficiente para hacer ejercicio físico frecuentemente, algo que está demostrado que puede bajar la tensión arterial elevada.

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