Don Quijote y sus andanzas

2 mayo, 2017

Cuando este Quijote albanés, aunque tan sólo la primera parte, comenzó a publicarse por entregas en el año de 1931, el polifacético Noli, a pesar de su agitada trayectoria, había traducido ya varias obras de muy diversa índole, como La Barraca, de Vicente Blasco Ibáñez; pero mucho más aún, y de otros idiomas de procedencia: Otelo, Hamlet, Macbeth y Julio César, Un enemigo del pueblo, el Fausto de Goethe, el Zaratustra de Nietzsche, la poesía de Ornar Jayyam, Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Esquilo, Plutarco…

Todo esto hizo el buen obispo, además de haber escrito dos dramas y abundante obra poética y periodística. Como decíamos, nuestra traducción del Quijote comenzó a publicarse por entregas en las páginas del periódico Republika, que pertenecía a la oposición albanesa exiliada en los Estados Unidos y lógicamente, el régimen del autoproclamado rey Ahmet Zogu hizo todo cuanto pudo con sus armas ilimitadas para impedir con éxito que las copias entraran en el país, salvo, como es natural, de contrabando. En el año de 1932 aparece ya la traducción en forma de libro, con edición asimismo de Boston, en tres volúmenes, pero sufre igual suerte: la policía del déspota confisca sistemáticamente cuantos ejemplares llegan a los puestos de aduana y, más tarde, cuando debido al ridículo y al escándalo internacional, los libros obtienen permiso de circulación, lo harán lisiados, amputados, con sus primeras hojas arrancadas. En esas páginas se contenía una introducción escrita por el traductor justificando su empresa.
La torpe histeria del dictador se debía sin duda al temor que le inspiraban las dimensiones y la popularidad de su enemigo exiliado. Noli, nacido en una aldea albanesa de Tracia, después de unos difíciles comienzos -Estambul, Atenas, de actor ambulante por toda Grecia, Egipto, Estados Unidos, fue ministro de Asuntos Exteriores albanés en dos gabinetes consecutivos, en 1921, y llegó a ser presidente del gobierno tras la revolución antifeudal que se produjo en el año de 1924, y como tal presidente asistió a varias sesiones de la Liga de Naciones. Derrocado su gobierno por la intervención yugoslava y repuestas las fuerzas reaccionarias en el poder, en la persona de Zogu, ha de huir del país con su cabeza puesta a precio. (iEn mitad de este torbellino traducía a Jayyam!). Deambula por Europa, visita la URSS, participa en el Congreso Internacional Antifascista de Berlín, en 1929: una foto lo muestra, presidiendo junto a Henri Barbusse… Finalmente se decide a regresar a Boston, para ejercer como sacerdote… y tiene aún tiempo y energía para doctorarse en filosofía por Harvard, para componer poemas sinfónicos y música sacra, y para licenciarse en el Conservatorio de New England. Su estudio Beethoven and the French Revolution (Beethoven y la Revolución Francesa), que presentó como tesis al finalizar los estudios musicales, obtuvo gran resonancia y le valió los parabienes de Gean Sibelius, Thomas Mann, Bernard Shaw…
En cuanto a nuestro Quijote albanés, su segunda parte sólo vio la luz en el año de 1927, esta vez a cargo de Petro Zheji y en la capital de Albania, Tirana, pero ésta ya es otra historia, como otra historia muy diferente es la que podría haber recorrido el libro de un traductor albanés, Laurel Plasari, quien ha introducido muchas obras españolas con sus traducciones al albanés, especialmente a García Lorca y a Julio Cortázar. Plasari ha escrito una obra, aún por traducir, que se titula Don Quijote bajó a Albania, y sobra la que, quizá algún día podremos constatar si aporta algo a los estudios cervantistas, o mejor «quijotistas» internacionales.

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