Silicon Valley a la española

24 junio, 2016

La crisis ha puesto de moda en España el discurso del cambio de modelo productivo basado en una economía sostenible y del conocimiento. Pero, en los años de bonanza, un pequeño núcleo de investigadores y emprendedores españoles se adelantó a los acontecimientos y puso en marcha ese modelo de forma discreta a través de los centros tecnológicos, que hoy emplean a más de 7.600 personas, en su mayoría técnicos y titulados universitarios.

La innovación aplicada a las necesidades de la empresa es la clave del éxito de los centros tecnológicos, que el pasado año facturaron 577 millones de euros (un 10,5% más que en 2007) gracias a los encargos recibidos por 31.000 empresas, entre las que además de pymes, figuran grandes y conocidas corporaciones, como Unión Fenosa, Iberdrola, Sacyr Vallehermoso o Renault.

Visitar cualquiera de los 67 centros tecnológicos que funcionan en España es sumergirse en la vida y la empresa del futuro. Desplazado a los centros de Cartif y Cidaut, ubicados en el parque tecnológico de Boecillo (Valladolid) para comprobar cómo cientos de investigadores, ataviados con sus batas blancas, trabajan en diseñar un asfalto capaz de eliminar la contaminación que generan los vehículos, una vivienda inteligente que consume menos energía y permite que discapacitados y enfermos estén en contacto permanente con los hospitales, un vehículo eléctrico o la transformación del suero procedente de la fabricación del queso en una materia prima apta para cosméticos e implantes médicos.

No son proyectos de ciencia ficción, son encargos de pequeñas empresas y multinacionales que confían a los investigadores de esos centros parte de su I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) aprovechando la alta especialización de su plantilla, afirma el director de la fundación Cidaut, Juan Carlos Merino.
En este centro, especializado en el sector del motor, se desarrollan proyectos para 200 clientes industriales (entre ellos Michelin, Renault, Benteler o el grupo Antolin) y prácticamente todos sus beneficios se reinvierten en programas de innovación para que sus más de 313 trabajadores (de los que un 70% son titulados universitarios) continúen perfeccionando los productos que desarrollan.

Experimentar con nuevos materiales para que los coches consuman menos combustible osean más seguros está a la orden del día en Cidaut.
Con esa continua innovación, es común que Cidaut desarrolle proyectos con un fuerte potencial que dan pie a la creación de empresas spin off, que son vendidas a socios privados cuando madura el producto o servicio, explica Merino.

El valor añadido que aportan los productos y servicios diseñados en un centro tecnológico complica la deslocalización de su producción a países con mano de obra barata, como China o regiones de Europa del Este. A esto se une que la gran mayoría de sus proyectos son diseñados para trabajar a largo plazo.
Estos dos motivos han convertido a estas entidades privadas sin ánimo de lucro en una herramienta utilizada por muchas comunidades autónomas para generar empleo estable.

Castilla y León, por ejemplo, subvenciona el centro de Cartif con dos millones de euros anuales condicionados a la consecución de unos objetivos.
Esa ayuda, unida a la iniciativa privada, ha hecho posible, entre otros proyectos, el desarrollo de la primera máquina para reciclar latas de refrescos, que pronto se colocará en terminales de aeropuertos o estaciones y funcionará con energía solar.
Entre 2000 y 2007, los centros tecnológicos crearon más de 51.300 nuevos empleos en España, lo que supone una tasa de crecimiento anual del 26,4%, frente al 3,58% que registró la población ocupada en ese periodo, según datos de Fedit (federación que agrupa a los centros tecnológicos).
La crisis ha frenado esa tendencia, pero la federación estima que en 2009 el número de empleados de sus asociados habrá crecido, pese a que los centros sufrirán una caída del crecimiento de sus ingresos.

Las dificultades económicas de las empresas y las previsiones de un menor gasto público en I+D+i para el próximo año son el mayor obstáculo que los centros tendrán que superar.
Además de los proyectos empresariales, la investigación e innovación de los centros se nutre de subvenciones y por tanto, el recorte del gasto contemplado en los Presupuestos Generales del Estado para 2010 afectará a su actividad.

«Aquí se genera conocimiento, igual que en la Universidad. Pero los centros sufren por la crisis como las empresas, en eso se diferencian del ámbito universitario», asegura el director de Cidaut.
La apuesta cada vez más importante de las compañías por la innovación ha propiciado que el peso de la financiación privada de los centros tecnológicos sea cada vez mayor, al experimentar un crecimiento de cinco puntos porcentuales por encima de la pública. De hecho, en los órganos de dirección de estas fundaciones ya están presentes 800 empresas.

Llegar a un hotel y ser atendido por un robot es sólo cuestión de tiempo. Un equipo de investigadores del centro tecnológico Fundación Cartif (Valladolid) ha creado un robot, llamado Arisco, que pronto sustituirá a los recepcionistas de muchos hoteles en España.

Como si de un humano se tratase, Arisco puede ver a través de sus ojos (dos cámaras pequeñas) y escuchar con sus orejas (dos auriculares). El robot es capaz de reconocer movimientos y colores, entender las palabras de las personas e incluso cuenta historias o las últimas noticias del día con sotura gracias a su conexión permanente a internet. Sus creadores trabajan en perfeccionarlo para que pueda reconocer sentimientos, lo que abrirá a que la robótica social se instale en otros ámbitos de la vida cotidiana, como por ejemplo, el cuidado de personas mayores.

One Response to Silicon Valley a la española

  1. laura forcas on 16 noviembre, 2016 at 15:06

    Lo del cambio de modelo no lo veo por ahora la verdad…

    Créditos online rápidos

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