Las fans bragas mojadas

29 agosto, 2015

Han venido unos chicos rubios, altos y americanos, que hacen una serie juvenil por televisión, muy vista en España, y una vez más se ha producido el desembarco cataclismático de las fans, un «Normandía» de bragas mojadas, el enamoramiento colectivo de un corazón plural y adolescente, el sadismo de nuestra infancia, el alarido de las niñas terribles y la violencia rubia de un largo amor repentino.

A mí todo esto me parece salud. Lo de Guadalajara, o sea, pero en bragas mojadas, el sensurround que esperan en California, pero recorriendo una manigua de pelvis jóvenes, melenas de oro y corazones como violentos labios de besos y latidos. Igual que cuando vienen los cantantes de rock, igual que cuando actúa Miguel Bosé.

A uno, todo esto, repito, le parece que tiene algo dulce y rudimentario como el puro presente, .angelical y sudoroso como la deslumbrante actualidad, un populoso abril apasionado y femenino. Y lo digo porque últimamente me han sólido, en diversas conferencias, las oportunas feministas a echarme la charla del machismo y la agresión sexual. Incluso una se me indignó porque cité juntas a Rosa Montero y Carmen Rigalt.

El feminismo rampante de Rosa no debiera ser manchado por la mera feminidad (para mí tan exquisita) de la Rigalt. Como soy amigo de las dos, la verdad es que el reproché me tuvo en una llaga.

Entre este feminismo oficial y de bachillerato y el plebiscito sentimental y crudo de las niñas que fueron en estampida a Barajas y luego a Telecinco, a ver a sus amados chorvos televisuales, no quisiera uno meterse de por medio. Allá ellas. Lo que uno, sociólogo de la calle, observa hoy, es que las aguas del Mar Rojo femenino se han partido en dos y, mientras unas hacen feminismo retrospectivo y justo, denunciando el culto al macho, otras (las más, doradas millentas de niñas) viven la ordalía sexual, sentimental y espontánea de una pasión comunal y una alegría priápica en torno del varón.

Por mí, que se pongan de acuerdo unas con otras o que no se pongan, ya digo que me da lo mismo, estoy sencillamente pasmado, pero entre la charla concienciada de la feminista intelectual y el presente invasivo y clamoroso de las fans, esto último es lo que me parece salud, verdad, actualidad, asamblea natural de la primavera, grito de un abril hembra con todos sus derechos. ¿Cómo reprimir la vida, la violencia del instante, la fuerza del instinto? A nuestras tías carnales, cuando Franco, allá en los 40, les pasó lo mismo el día en que vino Jorge Negrete, que le arrancaron hasta los botones de la bragueta. Y eso que estábamos en la España nacionalcatólica y de luto riguroso.

Nadie ha podido nunca con los plebiscitos naturales de la gente, como el mágico González no puede ahora con la grandeza asamblearia y sindical de la calle, que Redondo y Gutiérrez le van a montar otra Antología de la Zarzuela obrera, como las de Tamayo, en la mitad del tiempo y el corazón cansado de Madrid.

Respeto y profeso todas las doctrinas, todos los progresismos, todas las justicias y verdades, pero cuando veo pasar la vida delante de mí, en rubia estampida de fans o en «marazulmahón» (Blas de Otero) de obreros, me pongo de parte de la vida, siempre renovada, recental y llena de una luz inapelable. Lo reaccionario es el dogma, Solchaga, el fanatismo, la represión, González, Simone de Beauvoir y el señor Cuevas.

Me cuenta un colega aquí del periódico que a su hija le han puesto en el colegio, como ejercicio, «encontrar las contradicciones» en un artículo mío sobre la huelga. Este planteamiento supone ya predisponer a la niña en contra de la huelga. Una pedagogía reaccionaria. Le aconsejo a la niña de mi colega y amigo que pase mucho de la charla pedagógica y se vaya con las de su edad a bailar con el televisivo Steve, que está buenísimo.

One Response to Las fans bragas mojadas

  1. […] había dicho con anterioridad que ella estaba deseando que termine la estancia de Emilio en la cueva. Uno de los médicos que ha estado en contacto con el espeleólogo manifestó que la larga estancia […]

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