La madre de Guillermo Brown

En Londres se acaba de publicar un libro de 240 páginas en gran formato en el que, de la A a la Z, aparece la relación y el análisis crítico de todos los personajes, situaciones y aficiones que aparecieron en las novelas de Guillermo Brown, el héroe creado por Richmal Crompton. El libro, riguroso y al mismo tiempo divertido, se titula The William Companion y ha sido escrito por Mary Cadogan en el centenario del nacimiento de la madre de Guillermo y los Proscritos.

A lo largo de sus páginas, los que fueron lectores de Guillermo se van encontrando con la disección de todos los personajes que un día les hicieron soñar. Rosalyn Abbot abre la lista. «Una guapa chica de 19 años y limitada inteligencia, muy admirada por Roberto, hermano de Guillermo Brown».

Como otros personajes de Richmal Crompton, Rosalyn Abbot está muy influida por el cine: «Rosalyn iba al cine dos veces por semana y en los días intermedios moldeaba su vida y sus emociones en la última heroína que había Visto». Zevrier es el que cierra este sorprendente diccionario de personajes de la vida de Guillermo.

«Un violinista de música clásica alquilado para entretener en la fiesta que la señora Bott da para Lord Faversham y la vecindad, pero al que Guillermo, el chico con el peor oído musical de todo el Imperio Británico, retiene toda la tarde tocando para él en el granero con el fin de que un amigo que no tiene dinero (un titiritero bohemio) le suplante en el concierto». Gracias a Guillermo, el titiritero alcanza la celebridad.

El libro es también un análisis de la filosofía que impregna toda la vida de Guillermo, un chico de incurable optimismo y desbordante imaginación que hacen que tenga «una legión de ambiciones y fantasías». Guillermo el Pirata, Guillermo el Contrabandista, Guillermo Piel Roja, Guillermo Jefe de Bandidos, Guillermo el Victorioso, Guillermo, siempre, en la cumbre. «Su mente -recoge la diseccionadora implacable de la vida de Guillermo y sus amigos- repasó todas las carreras que en algún momento él había decidido seguir: conductor, cartero, explorador, espía, detective, primer ministro, astronauta, piloto automovilista de carreras, deshollinador, potentado mundial, dictador, domador de leones o santo como Francisco de Asís».

El resto de la banda de los Proscritos también tenía sueños para el futuro. Pelirrojo quiere ser conductor. Enrique, acróbata. Douglas sueña ser un gángster. Ellos no expresan nunca su afecto mutuo: los Proscritos no son sentimentales.

Guillermo es su líder natural, el optimista del grupo, el imaginativo, el jefe que siempre tiene recursos. Pelirrojo es su mejor amigo, el más leal. Enrique es el de más edad de la banda, el más informado de los cuatro, el sabelotodo, y tal vez por eso se deja llevar a veces por ambiciones para suceder a Guillermo en el liderazgo de la banda. Douglas es el que aporta al grupo la dosis de pesimismo. Douglas es el pesimista que después de cada catástrofe suele apostillar: «Eso ya te lo decía yo…».

La familia Brown nunca hacía mucho caso de Guillermo. Tan sólo la señora Brown, siempre cosiendo, parece tener tiempo para escuchar (aunque sea con un rutinario «Sí, querido, ¿pero cómo puedes hacer estos agujeros tan grandes en tus calcetines?») las historias y las preocupaciones de Guillermo, siempre dispuesto a ser un niño peligrosamente comunicativo. Verdaderamente revelador es este diálogo, uno más de los mantenidos entre madre e hijo a lo largo de las 38 novelas que durante 48 años, entre 1922 y 1970, llevaron por el mundo la historia de la familia Brown: Guillermo, con voz triste: «Me voy, mamá.» Su madre, muy dulcemente: «Muy bien, querido.» Guillermo: «Quizá no vuelva nunca.» Su madre, sin dejar de coser: «Muy bien, querido.»

Pese a no escucharle muy atentamente, la señora Brown fue siempre paciente y cariñosa con Guillermo, al contrario del serio señor Brown, que a lo largo de todo el ciclo de vida novelística de la familia siempre manifiesta con sarcasmo el deseo de que su hijo menor desaparezca de su vista. «Guillermo -suele decir el señor Brown-: el efecto del sonido continuado de tu voz sobre mis nervios es algo que no puede describirse. Si fueras tan amable de parar de hablar por un momento, lo tomaría como un favor personal».

La familia Brown es en general bastante sarcástica. «Tengo mis exámenes a finales del, año que viene y estas vacaciones estoy trabajando mucho», explica un día Roberto. «Nadie lo hubiese dicho», responde su padre educadamente. Ethel, la hermana, mantiene una actitud desconfiada frente a Guillermo. Temiendo siempre sus comentarios y la mala imagen que puede dar a sus admiradores, unos tipos que Guillermo no puede nunca comprender qué ven de atractivo en ella. Según dice Guillermo, «Ethel es todo lo que una hermana ideal no debería ser».

Guillermo siente a veces ráfagas de cariño hacia su hermano Roberto, que también parece sentir cierto aprecio por él, pese a que le irritan algunas de sus travesuras. «Roberto es siempre generoso al agradecer la ayuda que Guillermo le presta en algunas de sus conquistas, en tanto que Ethel se limita a darle las gracias y unos pocos peniques». La despreocupación de Guillermo por su aspecto físico y los esfuerzos siempre frustrados de su familia por adecentarle son cosas que ya han pasado a formar parte de la leyenda del pequeño pecoso.

One Response to La madre de Guillermo Brown

  1. Amparo on 7 febrero, 2013 at 11:13

    Creo que Guillermo fue uno de los culpables de que la lectura sea uno de mis vicios. Es que aún ahora si lo releo me divierte, aunque los mejores son los primeros libros, luego se hizo un giro; pero los tres primeros son geniales.

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