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Rock en el geriátrico

11 mayo, 2013
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¿Se imaginan a Miley Cyrus (Hannah Montana) dentro de 70 años? Pues Dulcinea Juárez se le parece un poco, con sus largos cabellos, su corona de strass y sus gestos procaces de una princesa rockera con la edad de la Reina Madre en Forever Young, el nuevo musical dirigido por Tricicle que se estrena el 16 de marzo en el teatro Compac Gran Vía.

Paco Mir, Carles Santos y Joan Gracia dirigen su adaptación de esta comedia de pequeño formato que descubrieron por casualidad en Oslo. «No entendíamos nada de lo que decían, porque ese día todos hablaban allí en noruego», bromeó Santos, «pero la gente se reía tanto que teníamos que traerlo». «Era un espectáculo cómico muy mímico que estaba muy cerca de nosotros», añadió Gracia, «y tiene una filosofía sobre las ganas de vivir y la ilusión que no debemos olvidar porque en 2050, fecha en la que transcurre esta obra, el 50% de los europeos seremos ancianos».

Forever Young, obra del suizo Erik Gedeon, se sostiene en un 70% en canciones reconocibles como la que da nombre a la función y I love rock & roll, I got you baby, Stairway to Heaven, You can leave your hat on, I will survive, Knockin’ on heaven’s door, Hotel California, House of the rising sun, Imagine, entre otras. Como novedad, las canciones están interpretadas en el idioma en el que fueron escritas.

El 30% restante lo completan unos divertidísimos esqueches protagonizados por la citada Dulcinea (Spamalot, La Bella y la Bestia), más María Adamuz (Grease, Queen), Marcos Cruz (pianista en Cabaret, Jeckyll and Hyde), Jacobo Dicenta (Annie, La jaula de las locas), Armando Pita (La Bella y la Bestia, El fantasma de la ópera) y Rubén Yuste (Oliver Twist, Mamma Mia), que dan vida a los viejos rockeros, y Edith Salazar (cantante, compositora y maestra de canto), su enfermera.

Forever Young narra el día a día de seis viejas glorias del rock que, a los noventaitantos años, viven sus últimos días en una residencia de ancianos. Cuando se portan bien, los domingos por la tarde les llevan a un viejo teatro abandonado donde ellos recuerdan quiénes fueron y sacan el lado salvaje que todavía conservan.

«La obra tiene picos de humor y diversión absoluta y cae en cierto patetismo cuando interviene la enfermera, cuyas canciones siempre rayan lo malvado», explicó Mir.

Al ser una obra de pequeño formato (tan pequeño como se que escribió en cuatro días para cubrir un hueco de programación de un teatro en Hamburgo en 2001), la escenografía no tiene mucha complicación: unos sillones, un sofá, un piano, algún andador, unos bastones y un telón de acero arropan a los actores que, además, tienen que ser fantásticos cantantes.

De hecho, el casting se hizo sólo por invitación tras una selección cuidadosa entre algunas de las mejores voces de la escena. Como explicó Joan Gracia: «Es tan importante que este musical esté bien cantado, que no paramos hasta conseguir que las voces empastaran bien unas con otras».

La carne y la mujer

1 mayo, 2013
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No me afecta la defuncion oficial de esta cuidadora de perros con adicción al trago. Al igual que el juez Roy Bean yo me despedí de ella hace mucho tiempo para reservarla en el lugar mas grato de la memoria, de los sueños. Aseguran que fué el animal mas bello del mundo. Para mí, no admite comparaciones, estadísticas o competiciones. Tampoco poseo la certidumbre sobre su calidad de actriz. Nunca me fijé en su tecnica ni en sus posibilidades camaleónicas.

Sé que me hipnotizaba sin esfuerzo, que siempre comprendía sus razones aunque fueran retorcidas, que expresaba toda la lujuria del universo sin necesidad de recurrir a las palabras, que su mirada, sus movimientos y su boca nunca tuvieron contacto con la frigidez, que a cualquier hombre sensato no le importaría aceptar el infierno posterior si antes se había sentido amado por ella, que representaba a la seducción y a la MUJER, que olía a sexo, a deseo y a vida. Admitiendo que cada vez que aparecía en una pantalla los otros se resignaban al inevitable segundo plano, esta señora justificó el delirio del espectador en cuatro o cinco ocasiones antológicas.

En Mogambo, el macho atolondrado que encamaba Gable, desperdiciaba su metraje dejándose querer por una muñeca rubia y huyendo de un prodigio de autenticidad, ovarios, y comprensión. Ava se emborrachaba y no cedía en el bendito acoso. Al final, conseguía despejar la miopía del macho. En La noche de la iguana, su problema reunía semejanzas con el anterior. Aquí, sufría el puteo de un existencialista atormentado y alcohólico, que se empeñaba en tratarla como a una colega. Ava entrevía la espera con un par de negros y todo el whisky del mundo. En Fiesta y en La condesa descalza, la muy masoquista, se quedaba colgada con un par de impotentes.

En general, le iba la marcha y sentía debilidad hacia el que la rechazaba, pero pobre de aquél que se enfrentara a ella sin una barricada defensiva, el que creyera inquebrantable e intemporal el amor, el capricho, o la pasión de la diosa. El patético Burt Lancaster de Forajidos podría hablar mucho de este tema si no hubiera optado por el silencio y la muerte.

Claudio Rodriguez escribió un poema cruel, desolado y hermoso en el que figuraban estos versos: «Si tu la luz te la has llevado toda, como voy a esperar yo ya nada del alba». No se me ocurre una despedida más lúcida para esta mujer. Dentro de cien años sus viejas películas y los diálogos que le obligaban a recitar tal vez resulten objetivamente cómicos o polvorientos, pero no será posible el desencanto ante la irrepetible leona. Ava Gardner permanecerá inmune a modas y apreciaciones críticas. Palabra de cinéfilo, palabra de adolescente.

Keira en París

24 abril, 2013
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París siempre vale un sueño. Y este se hizo realidad de la mano de Chanel hace unas semanas. Todo empezó meses atrás, cuando Jacques Helleu, director artístico de la maison, consiguió que la actriz Keira Knightley aceptara un nuevo reto profesional: ser imagen de la fragancia Coco Mademoiselle. Un logro sorprendente que añadir a la larga lista de méritos de Helleu, quien también sedujo a Nicole Kidman para que accediera a ser embajadora del Nº 5, el perfume más famoso de Chanel y, probablemente, del mundo. Knightley aterrizaba en París después de dar unas muy comentadas declaraciones en las que hablaba de la posibilidad de retirarse del cine.

En la Ciudad de la Luz le estaba esperando Joe Wright, el director del cortometraje promocional del perfume. Ambos son ya viejos amigos, después de rodar juntos Orgullo y prejuicio (2005) y, recientemente, Atonement, cuyo estreno en España se espera para comienzos de 2008. Con ellos hablamos una noche fría y silenciosa, entre secuencias que te obligan a saltar -por exigencias del guión- del apartamento original de Coco a una elegante fiesta en el Museo de Arte Moderno y, como broche, la Place Vendôme, su elegante último plano.

Yo Dona. Durante el rodaje, tuviste la oportunidad de descubrir muchos de los lugares donde Coco Chanel vivió, trabajó, creó…¿Cómo ha cambiado la visión que tenías sobre ella tras participar en este proyecto?

Keira Knightley. ¡He descubierto a una mujer fascinante! En un primer momento, me sumergí en el abismo de su vida y su trabajo gracias a la abultada documentación que me hicieron llegar. Me quedé embelesada por su increíble personalidad. No puedo creer que nadie haya realizado aún una gran película sobre Gabrielle Chanel, teniendo en cuenta lo extraordinario de sus experiencias y su destino. Luego, visité los lugares en los que vivió, como su apartamento de la Rue Cambon, que me impresionó muchísimo.Es tan bello como un museo y, paradójicamente, está cargado de dinamismo. Casi podría decirse que sigue habitado.

Y en el terreno personal, ¿tienes algún punto en común con ella?

¡Resulta difícil de decir! No me atrevería a compararme. Creo que tenía una personalidad mucho más aguerrida que la mía. Debía de ser mucho más extraordinaria que yo. Ella tenía una verdadera misión, un objetivo, un ideal.

Por lo pronto, ambas empezasteis a trabajar a edad muy temprana.

Es cierto. Quizá tengamos en común ese profundo sentido de la libertad, del libre albedrío… Pero me resulta difícil ir más allá. Las batallas que libró en su época y las de la mía no son las mismas. Es difícil compararse con alguien que ha vivido en otro momento histórico. Pero, a pesar de todo esto, me impresiona la revolución que inició y culminó, con el éxito que hoy todos conocemos.

¿Te gusta usar perfume?

¡Siempre, en las muñecas y en el cuello!

¿Y dirías que tienes memoria olfativa?

¡Sin duda! Los olores siempre nos evocan recuerdos, personas, lugares… Por ejemplo, Chanel Nº 5 me recuerda muchísimo a mi infancia. Cuando percibo ese perfume, vuelvo a ver el frasco sobre el tocador de la casa donde vivíamos… También me ocurre con el primer chico con el que fantaseé (risas). Cada vez que percibo su fragancia, vuelvo a sentir una especie de cosquilleo incontrolable. De los cinco sentidos, creo que los más importantes son el olfato y el tacto.

¿Has recurrido alguna vez a los perfumes para ahondar en un personaje?

Hasta este momento, no, pero ahora que lo dices, cuando se dé el caso, me lo pienso plantear. Es una bonita manera de abordar el papel en el que nos tenemos que sumergir.

Volvamos a esta película. ¿Cuál es su génesis?

Nació de las manos de Jacques Helleu y Joe Wright, el director.Juntos estudiaron en numerosas reuniones las distintas características del proyecto y su argumento. A continuación, entré a formar parte del proceso creativo. Me reuní con Helleu, memoria y alma de la casa Chanel, que me mostró su mundo. Con respecto a la sinopsis, ambos nos pusimos de acuerdo de inmediato sobre la personalidad independiente y decidida de la protagonista. Debía ser una mujer que sonriera siempre, que viviese la vida de forma despreocupada y que nunca se tomara a nadie demasiado en serio. Que trazase su camino en función de cómo lo concibe. De hecho, estamos ante la imagen de alguien sólido, independiente, lo que constituye, asimismo, un homenaje a Coco Chanel, una persona que se hizo a sí misma.

¿Vas a añadir este cortometraje a tu filmografía?

(Risas.) ¡Claro que sí! Estoy muy orgullosa de este trabajo.

En él no recurres a la palabra. Sólo hay silencios. ¿Supuso esta circunstancia un desafío extra?

Por supuesto. Pero existía un hilo conductor, una historia interna que se desarrolla a lo largo del cortometraje… Puedo interpretar un papel, incluso sin recurrir a la palabra, porque las situaciones ya hablan por sí solas. Debido a su escasa duración, las películas publicitarias se componen de numerosos planos y su proceso de montaje resulta extremadamente complejo. Sin embargo, como actriz, necesito una estructura argumental, anclar al personaje en una historia, un contexto, un pasado, un futuro, una lógica… Ese es el abismo que nos separa de las modelos. Creo, además, que cuando las imágenes cobran verdadero sentido, marcan la diferencia en este tipo de producción cinematográfica.

¿Tenías reticencias con respecto al plano en el que apareces desnuda?

¿El del pasillo, cuando me quito la camisa de hombre para ir al vestidor? No, ninguna, me siento bien con mi cuerpo. No soy nada puritana.

¿Guardarás una copia de esta cinta?

Bueno, no soy de las que cuelgan sus fotos en las paredes de casa, pero voy a incluir esta en un álbum, como si se tratara de un tesoro. ¡Puedes estar completamente seguro!

Esta campaña para Coco Mademoiselle, de la ya eres imagen, hará que tu número de seguidores aumente. De hecho, tus fans ya se pueden contar por millones en todo el mundo, debido a tu talento, a tu belleza y al tremendo éxito cosechado por la trilogía Piratas del Caribe. ¿Eres consciente de todo esto?

Vivo en el mundo de la imagen. Mi trabajo es introducirme en la imaginación de un director o de una marca prestigiosa. No me muevo en el plano de la realidad, sino en el de la fantasía.Las películas que ruedo, las sesiones de fotos que realizo, las entrevistas que concedo giran en torno a la ficción, a lo irreal, a la imagen pública que exhibo. Soy un personaje público sobre el que cada uno es libre de proyectar lo que quiera, y tanto mejor si, gracias a mí, numerosas mujeres se regalan Coco Mademoiselle.Sin embargo, tengo que decir que también existe una Keira muy privada, más íntima y esa me pertenece sólo a mí.

Más que un director de sentimientos, se considera «un realizador con mucho oficio». Quizá por ello, cuando los directivos de Chanel estudiaban a quién encargarle la nueva campaña de este perfume, su nombre no tuvo competidor alguno. «El cine es, ante todo, un arte basado en la colaboración», asegura Joe Wright a YO DONA.«El proceso de creación ha sido largo y repleto de encuentros, conversaciones e intercambios. Le enviaba a Jacques Helleu las sinopsis y él me las devolvía con anotaciones muy acertadas, máxime cuando se trataba de mi primera película publicitaria», recuerda con modestia.

¿Que imagen tenía de Gabrielle Chanel antes del rodaje?

Joe Wrigth. La de un verdadero icono. Conocía, por supuesto, la gran influencia que ejerció en el mundo de la moda, sobre todo en los años 20 y 30, que son los que más me interesan, o su gusto por el blanco y el negro… Sin embargo, no sabía que había impuesto el uso del pantalón entre las mujeres.

¿Y que relación mantenía con la perfumería antes de aceptar este proyecto?

Creo que un perfume debe estar en completa armonía con la persona que lo usa. Es una especie de fusión, que puede atraer a determinadas personas y repeler a otras. ¡Cuestión de química! Yo soy muy sensible a los olores… ¡naturales! Mi novia tiene una fragancia personal muy específica. ¡A veces pienso que me enamoré de su olor! (risas)

¿Albergaba algún temor antes del rodaje de su primer trabajo publicitario?

Francamente, no. Acaba de dirigir a un gran equipo en una película histórica, con escenas de batallas de varios miles de figurantes [Atonement, sobre la II Guerra Mundial], así que la idea de realizar un corto de 60 segundos, con una actriz a la que conozco muy bien, viviendo en un apartamento de lujo, y con gente del mundo de los perfumes y la belleza no me daba miedo, pese a no ser fácil…

¿Cuál fue su objetivo fundamental a la hora de dirigir a Keira?

Asegurarme de que apareciera bellísima. Eso era lo más importante.Sé cómo captarla. Ya he rodado dos películas con ella, Orgullo y prejuicio y Atonement. Conozco su rostro a la perfección. Sé captar la esencia de su belleza y de su personalidad. Además, mantenemos una relación profesional muy sincera y directa. Es una amiga a la que aprecio mucho. Nos decimos las cosas a la cara con total sinceridad, sin rodeos. Confiamos el uno en el otro y nos tratamos con naturalidad, algo tremendamente raro en las relaciones director-actor. En este corto, he querido homenajear su belleza, hacer un auténtico retrato de esta mujer.

¿Ha trabajado en la creación de su look?

Por supuesto. Soy muy exigente en el enfoque estético de un proyecto.Por ejemplo, paseando por una tienda de sombreros me vino a la mente el bombín que Keira luego llevaría al principio del spot.No sólo lo luce muy bien, sino que, además, es el del mismo tono que sus ojos. También intervine en el color de su pelo, su peinado, su vestuario… Era lo normal.

¿Ha aprendido algo más sobre ella durante este trabajo?

La admiración que siento por Keira no deja de crecer. Estoy fascinado por su capacidad para aguantar la presión. ¡Y sólo tiene 21 años! Si te soy sincero, ella soporta mucho más estrés que yo, pero consigue que no se le note nada en absoluto. Admiro a los actores que se enfrentan a la cámara, porque se exponen al juicio ajeno de forma permanente. Cuando está tensa, frunce el ceño. Entonces, yo le decía sin parar: «¡Quita esa mala cara! ¡Quítala!». Al final del rodaje, me soltó: «¡Ahora voy a poner todas las malas caras que me apetezcan!».