Vivimos en un mundo en el que están cambiando los hábitos de comportamiento y consumo de manera exageradamente rápida. Según la compañía de investigación y medición de audiencias ComScore, España es el país europeo con el consumo más alto de smartphones en la actualidad. Además, cuatro millones de personas tienen tablet. En el informe Spain Digital Future In Focus publicado por esta compañía, se anuncia que un 66% de los usuarios tiene acceso a Internet a través de sus teléfonos móviles y utilizan con frecuencia apps (aplicaciones).
A través de las nuevas tecnologías, en este caso en dispositivos móviles, se hace fácil a los usuarios la planificación de un viaje, la comparación de los precios y experiencias con otros turistas y hasta la reserva en un hotel, de un vuelo o de una entrada para un museo o una obra de teatro.
Y es que existen apps que son fáciles de usar y entendibles para cualquier persona que no esté muy puesta en la tecnología. Incluso algunas compañías creadoras de apps trabajan en versiones off-line o permiten que se puedan descargar sus bases de datos en el teléfono o tablet para trabajar sin Internet. Esto último resulta útil si estas en un lugar sin WiFi o simplemente no quieres conectarte a la Red, como por ejemplo el caso de la aplicación Google Maps.
Pero lo negativo que podemos sacarle a estas innovaciones tecnológicas, que cada vez más mejoran y avanzan, sería que la comunicación humana acaba siendo mínima en el extranjero, es decir, que en vez de preguntar por una calle a alguien, la misma aplicación te lo dice, no produciendo intercambios comunicativos y culturales entre las personas.
Además, si pensamos que las vacaciones son para descansar y desconectar, muchas personas no lo hacen y siguen enganchadas a sus aparatos. En algunos casos provocandoexiste hasta fobia a salir sin teléfono de casa. ¿Estamos delante de casos de nomofobia?
Otro aspecto negativo de las apps para viajar sería el coste económico, causado por el cobro adicional por tarifas elevadas en el extranjero o el cobro por aplicaciones de pago.
Así que, ¿creéis que resulta más cómodo viajar con los planos y las guías como antes? ¿O mejor con un teléfono o tableta?
Aunque aún no se ha inventado una aplicación que englobe todos los recursos para viajar por todo el planeta, ¿podría ser una solución completa para cualquier viajero internacional?
En el caso de que creáis que las aplicaciones resultan útiles para viajar, aquí tenéis unas propuestas de apps dedicadas a cada etapa del viaje:
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En casa, Lonely Planet (de pago) → Ofrece guías electrónicas de muchas ciudades del mundo, con listados de restaurantes y hoteles y con explicaciones sobre la cultura, las tradiciones y creencias del territorio.
Además, si buscas viajes a nivel nacional, con Buscounchollo puedes encontrar ofertas de viajes rebajados y de estancias a precios baratos.
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En el aeropuerto, Flight Track (de pago y para iPhone) → Ofrece información sobre los vuelos y sobre el tiempo restante antes del despegue, los retrasos o las cancelaciones.
- Una vez en el destino, Traducko y Google Eatrh Street view (gratis) → La primera, una de las mejores aplicaciones para traducir y la segunda, el mejor mapa en 3D para guiarte por la ciudad, incluyendo carreteras y sitios de interés.
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Durante la estancia, Wikihood contiene información sobre monumentos, restaurantes, hoteles, museos, etc. Además, con localizadores de red como Quewifi o Wefi podrás encontrar redes de WiFi gratis a tu alrededor.
Y para finalizar una posible propuesta clásica: gestionar un viaje a través de la agencia de viajes, contratando el viaje y la estancia con los mínimos, es decir, dormir y desayuno sin comidas y excursiones o rutas organizadas. De eso, os podéis ocupar vosotros mismos utilizando las relaciones sociales e inspeccionando el lugar de la visita.
