¿Por qué los gatos negros traen mala suerte?

Los gatos negros no siempre han sido considerados portadores de mala suerte. En el Antiguo Egipto todos los gatos eran los animales más preciados y a los que se les tenía una gran estima. Además, el matar a uno estaba considerado un crimen.

Los egipcios les rendían culto y formaban parte de su mitología. La diosa Bastet, venerada sobre todo en el Delta del Nilo, era representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato. Cuenta la leyenda que defendió a Ra (el dios Sol) de Apofis (deidad del mal con forma de serpiente). A Bastet se le atribuían propiedades tanto de mujer como de gato, ya que era la diosa de la guerra, de la fertilidad, guardiana del hogar y se la relacionaba con el culto a la luna, una clara influencia felina.

Por estos motivos, el gato era protegido, venerado y cuidado. Incluso a veces era momificado y enterrado en cementerios para gatos. Por ello, el gato comenzó a ser domesticado y a convivir con las personas dentro de las propias casas, adquiriendo un mayor protagonismo al descubrirse que mantenía limpios de roedores los hogares y lugares de producción.

No fue hasta la Edad Media cuando el gato negro obtuvo su mala fama, a causa de la creencia generalizada de que dicho animal era un fiel sirviente de las brujas. De modo que se le asoció a las brujas y a la hechicería. Tal fue la histeria colectiva contra las brujas y la práctica de la magia negra que se esparció por Europa, que muchas ancianas solitarias que cuidaban y alimentaban gatos callejeros a menudo eran acusadas de brujería.

Se dice que la hostilidad hacia los gatos negros surgió en 1560, cuando un padre y su hijo caminaban durante una noche sin luna y un gato negro se cruzó en su camino para luego esconderse en el rincón de un muro. Ellos le lanzaron piedras hasta que la criatura, indefensa y herida, corrió a refugiarse en la casa de una mujer, quien en ese momento era sospechosa de ser una bruja.

Al día siguiente, el padre y el hijo se encontraron a la mujer y observaron que ésta cojeaba y presentaba magullones. Concluyeron que se trataba de algo más que una coincidencia y, desde ese día, en Lincolnshire, se expandió una creencia firme sobre que las brujas adoptaban la forma de gatos negros por la noche.

En el siglo XIII, la Iglesia inició una persecución contra estos animales al considerar que las brujas se transformaban en gatos negros o poseían, temporalmente, su cuerpo para moverse libremente sin llamar la atención. En Estados Unidos, durante la caza de brujas de Salem, la creencia de que las brujas se transforman en gatos negros se convirtió en masiva. Actualmente se sigue asociando a los gatos negros con las brujas, sobre todo durante Halloween.

Estas situaciones y creencias han implicado que un animal antes venerado se convierta en un símbolo de malos presagios en algunos lugares del mundo. Existen supersticiones diversas como la que dice que simplemente el ver a un gato negro trae mala suerte, mientras que para otra la mala suerte se produce cuando el gato se cruza por delante nuestro. Otra dice que al ver a uno hay que alejarse de espaldas para acabar con la mala suerte. También se dice que si el gato va de derecha a izquierda significa que nuestra suerte empeora, pero si es de izquierda a derecha ésta mejora.

Un hecho curioso de la historia es que debido a la desproporcionada persecución a los gatos por parte de la Iglesia en el siglo XIII, la población de éstos disminuyó tanto que casi llegan a extinguirse, siendo uno de los factores claves en la devastadora epidemia de peste que invadió Europa en el siglo XIV, ya que la enfermedad se propaga por las ratas y no había gatos suficientes para luchar contra ellas. Por suerte, en los siglos XVII y XVIII el gato vuelve a recuperar su imagen de animal beneficioso para el ser humano por su capacidad de controlar plagas de insectos y roedores.

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