¿Por qué nos suenan las tripas cuando tenemos hambre?

No hay razones para preocuparse, puesto que estos ruidos son naturales y los sufrimos todos en mayor o menor medida. Sin embargo, no deja de ser una situación algo incómoda que nos ocurre a diario o casi a diario, cuando nuestro estómago intenta hacer un concierto espontáneo, sobre todo, en momentos de silencio y siendo muy inoportunos.

Aunque, por muy molestos e inoportunos que resulten, son totalmente fisiológicos y siempre están ahí, pero nuestro oído no es tan sensible como el de otros animales y no nos permite poder percibirlos.

Si usáramos un fonendoscopio, aparato acústico que utilizan los médicos para oír los sonidos internos del cuerpo humano, a nivel del abdomen podríamos percibirlos fácilmente. Una mala señal sería no oír nada, puesto que probablemente significaría que la persona tiene una parálisis o una obstrucción intestinal, de manera que el sonido de las tripas nos informa de que nuestro aparato digestivo funciona.

El nombre científico para estos rugidos es borborigmos, una palabra que deriva del griego y que se aplica a algo que retumba o produce un ruido sordo. Así pues, son sonidos gastrointestinales debidos al movimiento de líquidos y gases a causa de las contracciones coordinadas del estómago y los intestinos.

Estos sonidos estomacales pueden producirse tanto durante la digestión como varias horas después de una comida, como una alerta de sensación de hambre. De modo que este órgano siempre está en una constante contracción, esté lleno o vacío, ya que si no hay comida hay aire. Además, el ruido depende de aquello que circula por el interior del intestino.

Normalmente, las personas tienen un horario de comida más o menos organizado, de manera que comerán habitualmente a la misma hora y su cuerpo lo tendrá todo preparado para añadirle a su comida el cóctel de saliva, jugos gástricos y jugos intestinales, entre otros, que irán transformando el alimento y preparándolo para extraerle los nutrientes. Al comer, los alimentos se mezclan con todo eso y recorren su camino produciendo ruidos apagados que, en condiciones normales, sólo pueden ser detectados con un fonendoscopio.

Pero ¿qué sucede cuando nos retrasamos en la hora de comer? El cuerpo no entiende de obligaciones ajenas a la digestión así que, a la hora habitual prepara todos los jugos digestivos. Sin embargo, la comida no llega y éstos caen en un estómago vacío. De modo que se mezclan con el aire, el estómago se mueve para impulsar la mezcla y, como consecuencia, los sonidos aumentan y se amplifican como si todo el conjunto se convirtiera en un instrumento de viento. Al avanzar la mezcla de aire y jugos, movidos por las contracciones del estómago, retumban y pasan al intestino delgado donde el sonido se amplifica aún más. En ese momento, del abdomen emerge un sonido sordo que, a nosotros, debido a que la transmisión interna del sonido es mucho mejor, nos parece un trueno.

Por tanto, los sonidos suenan alto porque el intestino y el estómago están huecos y el sonido se propaga mejor. Pensar, oler o ver comida también puede desencadenar este fenómeno. No obstante, esta situación varía según las características de una persona u otra, ya que factores como la cantidad de gas que circula por el interior del tracto digestivo, el tipo de bebidas que han sido ingeridas u otros influyen en el proceso y en los ruidos que se producen. Además determinadas circunstancias pueden favorecer la secreción de jugos como el estrés o los problemas de salud que una persona pueda tener.

Lo normal es que los ruidos se deban al retraso a la hora de comer así que si se quieren evitar lo más eficaz es tomar algún aperitivo. Además, como hecho curioso, hay personas que le tienen tanto miedo a que le suenen las tripas en público que evitan las reuniones o lugares con mucha gente para que no escuchen sus ruidos. Éstas suelen ser personas tímidas y con unos sonidos muy frecuentes y sonoros.

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