¿Por qué los gatos negros traen mala suerte?

Los gatos negros no siempre han sido considerados portadores de mala suerte. En el Antiguo Egipto todos los gatos eran los animales más preciados y a los que se les tenía una gran estima. Además, el matar a uno estaba considerado un crimen.

Los egipcios les rendían culto y formaban parte de su mitología. La diosa Bastet, venerada sobre todo en el Delta del Nilo, era representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato. Cuenta la leyenda que defendió a Ra (el dios Sol) de Apofis (deidad del mal con forma de serpiente). A Bastet se le atribuían propiedades tanto de mujer como de gato, ya que era la diosa de la guerra, de la fertilidad, guardiana del hogar y se la relacionaba con el culto a la luna, una clara influencia felina.

Por estos motivos, el gato era protegido, venerado y cuidado. Incluso a veces era momificado y enterrado en cementerios para gatos. Por ello, el gato comenzó a ser domesticado y a convivir con las personas dentro de las propias casas, adquiriendo un mayor protagonismo al descubrirse que mantenía limpios de roedores los hogares y lugares de producción.

No fue hasta la Edad Media cuando el gato negro obtuvo su mala fama, a causa de la creencia generalizada de que dicho animal era un fiel sirviente de las brujas. De modo que se le asoció a las brujas y a la hechicería. Tal fue la histeria colectiva contra las brujas y la práctica de la magia negra que se esparció por Europa, que muchas ancianas solitarias que cuidaban y alimentaban gatos callejeros a menudo eran acusadas de brujería.

Se dice que la hostilidad hacia los gatos negros surgió en 1560, cuando un padre y su hijo caminaban durante una noche sin luna y un gato negro se cruzó en su camino para luego esconderse en el rincón de un muro. Ellos le lanzaron piedras hasta que la criatura, indefensa y herida, corrió a refugiarse en la casa de una mujer, quien en ese momento era sospechosa de ser una bruja.

Al día siguiente, el padre y el hijo se encontraron a la mujer y observaron que ésta cojeaba y presentaba magullones. Concluyeron que se trataba de algo más que una coincidencia y, desde ese día, en Lincolnshire, se expandió una creencia firme sobre que las brujas adoptaban la forma de gatos negros por la noche.

En el siglo XIII, la Iglesia inició una persecución contra estos animales al considerar que las brujas se transformaban en gatos negros o poseían, temporalmente, su cuerpo para moverse libremente sin llamar la atención. En Estados Unidos, durante la caza de brujas de Salem, la creencia de que las brujas se transforman en gatos negros se convirtió en masiva. Actualmente se sigue asociando a los gatos negros con las brujas, sobre todo durante Halloween.

Estas situaciones y creencias han implicado que un animal antes venerado se convierta en un símbolo de malos presagios en algunos lugares del mundo. Existen supersticiones diversas como la que dice que simplemente el ver a un gato negro trae mala suerte, mientras que para otra la mala suerte se produce cuando el gato se cruza por delante nuestro. Otra dice que al ver a uno hay que alejarse de espaldas para acabar con la mala suerte. También se dice que si el gato va de derecha a izquierda significa que nuestra suerte empeora, pero si es de izquierda a derecha ésta mejora.

Un hecho curioso de la historia es que debido a la desproporcionada persecución a los gatos por parte de la Iglesia en el siglo XIII, la población de éstos disminuyó tanto que casi llegan a extinguirse, siendo uno de los factores claves en la devastadora epidemia de peste que invadió Europa en el siglo XIV, ya que la enfermedad se propaga por las ratas y no había gatos suficientes para luchar contra ellas. Por suerte, en los siglos XVII y XVIII el gato vuelve a recuperar su imagen de animal beneficioso para el ser humano por su capacidad de controlar plagas de insectos y roedores.

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El origen de los días de la semana

¿Quién se ha preguntado alguna vez sobre el origen de los días de la semana? Pues bien, en este post podréis descubrirlo y cómo surgieron dichos nombres.

En una época muy antigua, hubo observadores que se dieron cuenta de que había unas cinco estrellas que no parecían seguir el movimiento de las demás, puesto que éstas se mantenían fijas en la cúpula celeste y, como no seguían las normas establecidas, se las acabó llamando planetas, que significa “estrellas errantes”.

Los romanos vieron una conexión entre sus dioses y el cielo, por ello empezaron a utilizar los nombres de sus dioses para nombrar a los planetas. Al planeta más cercano al Sol se le dio el nombre de Mercurio por Hermes, el mensajero de los dioses; al más brillante se le puso Venus por Afrodita, la diosa del amor y la belleza; al segundo planeta más brillante se le llamó Júpiter por Zeus, el dios padre; al planeta rojo se le bautizó como Marte por Ares, el dios de la guerra; y al más lento de todos se le dio el nombre de Saturno por Cronos, el dios del tiempo.

Pero, para entender exactamente el porqué los días de la semana se llaman así, debemos remontarnos al 4 de marzo del 1953 a. C. cuando en el cielo se pudo contemplar un hecho que dejaría maravillados a los observadores. Los cinco planetas estaban situados en perfecta alineación con la Luna, junto a la constelación de Pegaso. De modo que los cinco planetas, junto con la Luna y el Sol, considerados planetas en aquella época, conformaban las siete deidades que controlaban el destino de la humanidad.

Cuando se produjo el nombramiento de los siete días de la semana, no se utilizó ningún significado astronómico como en los meses con el ciclo lunar o en el año con el ciclo de la tierra alrededor del sol, sino que simplemente les fueron asignados los nombres de las siete estrellas errantes. Actualmente se mantiene dos versiones: la latina y la sajona/germánica.

La versión sajona/germánica mezcla elementos astronómicos con los dioses de sus mitologías, dando como resultado: el Lunes dedicado a la Luna, el Martes por el dios nórdico de la guerra y los zurdos, el Miércoles a Odín o Wodin, el Jueves dedicado a Thor, el Viernes por la diosa nórdica del amor y el Sábado a Saturno, mientras que el Domingo quedó en honor al Sol.

Por otro lado, en la versión latina surgió el Lunes como el día de la Luna, el Martes considerado como el día de Marte, el Miércoles consagrado como el día de Mercurio, el Jueves conocido como el día de Júpiter, el Viernes como el día de Venus y el Sábado bendecido como el día de Saturno, mientras que el Domingo surgió del latín “dominicus dies”, el día del Señor.

Así pues, en español se mantienen los nombres planetarios en los cinco días de la semana. Estos cinco días cuyos nombres acaban en -es, una abreviación del latín “dies” para decir la palabra “día”. Sin embargo, las palabras para designar al “Sábado” y “Domingo” no fueron adoptadas utilizando el modelo de denominación romano. Sábado proviene de la palabra de origen hebreo “Sabbat” que hace referencia al día de descanso, y Domingo tiene su origen en la palabra latina anterior que significa “el día del Señor”.

En relación al orden de los días, éste se asignó sin un criterio claro aparentemente, ya que si se hubieran ordenado en relación al brillo de los planetas la semana habría sido: Domingo, Lunes, Viernes, Jueves, Martes, Sábado y Miércoles; mientras que si el orden se hubiera hecho según la distancia de los planetas al sol habría sido: Domingo, Miércoles, Viernes, Lunes, Martes, Jueves y Sábado. Aunque hay que destacar que en aquella época los astrónomos no conocían ningún método para calcular la distancia hasta el Sol ni el concepto de brillo intrínseco.

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¿Por qué nos suenan las tripas cuando tenemos hambre?

No hay razones para preocuparse, puesto que estos ruidos son naturales y los sufrimos todos en mayor o menor medida. Sin embargo, no deja de ser una situación algo incómoda que nos ocurre a diario o casi a diario, cuando nuestro estómago intenta hacer un concierto espontáneo, sobre todo, en momentos de silencio y siendo muy inoportunos.

Aunque, por muy molestos e inoportunos que resulten, son totalmente fisiológicos y siempre están ahí, pero nuestro oído no es tan sensible como el de otros animales y no nos permite poder percibirlos.

Si usáramos un fonendoscopio, aparato acústico que utilizan los médicos para oír los sonidos internos del cuerpo humano, a nivel del abdomen podríamos percibirlos fácilmente. Una mala señal sería no oír nada, puesto que probablemente significaría que la persona tiene una parálisis o una obstrucción intestinal, de manera que el sonido de las tripas nos informa de que nuestro aparato digestivo funciona.

El nombre científico para estos rugidos es borborigmos, una palabra que deriva del griego y que se aplica a algo que retumba o produce un ruido sordo. Así pues, son sonidos gastrointestinales debidos al movimiento de líquidos y gases a causa de las contracciones coordinadas del estómago y los intestinos.

Estos sonidos estomacales pueden producirse tanto durante la digestión como varias horas después de una comida, como una alerta de sensación de hambre. De modo que este órgano siempre está en una constante contracción, esté lleno o vacío, ya que si no hay comida hay aire. Además, el ruido depende de aquello que circula por el interior del intestino.

Normalmente, las personas tienen un horario de comida más o menos organizado, de manera que comerán habitualmente a la misma hora y su cuerpo lo tendrá todo preparado para añadirle a su comida el cóctel de saliva, jugos gástricos y jugos intestinales, entre otros, que irán transformando el alimento y preparándolo para extraerle los nutrientes. Al comer, los alimentos se mezclan con todo eso y recorren su camino produciendo ruidos apagados que, en condiciones normales, sólo pueden ser detectados con un fonendoscopio.

Pero ¿qué sucede cuando nos retrasamos en la hora de comer? El cuerpo no entiende de obligaciones ajenas a la digestión así que, a la hora habitual prepara todos los jugos digestivos. Sin embargo, la comida no llega y éstos caen en un estómago vacío. De modo que se mezclan con el aire, el estómago se mueve para impulsar la mezcla y, como consecuencia, los sonidos aumentan y se amplifican como si todo el conjunto se convirtiera en un instrumento de viento. Al avanzar la mezcla de aire y jugos, movidos por las contracciones del estómago, retumban y pasan al intestino delgado donde el sonido se amplifica aún más. En ese momento, del abdomen emerge un sonido sordo que, a nosotros, debido a que la transmisión interna del sonido es mucho mejor, nos parece un trueno.

Por tanto, los sonidos suenan alto porque el intestino y el estómago están huecos y el sonido se propaga mejor. Pensar, oler o ver comida también puede desencadenar este fenómeno. No obstante, esta situación varía según las características de una persona u otra, ya que factores como la cantidad de gas que circula por el interior del tracto digestivo, el tipo de bebidas que han sido ingeridas u otros influyen en el proceso y en los ruidos que se producen. Además determinadas circunstancias pueden favorecer la secreción de jugos como el estrés o los problemas de salud que una persona pueda tener.

Lo normal es que los ruidos se deban al retraso a la hora de comer así que si se quieren evitar lo más eficaz es tomar algún aperitivo. Además, como hecho curioso, hay personas que le tienen tanto miedo a que le suenen las tripas en público que evitan las reuniones o lugares con mucha gente para que no escuchen sus ruidos. Éstas suelen ser personas tímidas y con unos sonidos muy frecuentes y sonoros.

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¿Por qué el jabón quita la suciedad?

Para lavarnos bien no sólo necesitamos agua, sino también jabón. Su uso es muy importante puesto que el agua por sí sola no quita la suciedad.  Pero ¿por qué el jabón limpia?

Su método de fabricación se llama saponificación, que consiste en calentar grasas con las cenizas de plantas alcalinas, que produce jabón, agua y glicerina. No obstante, aquello que le da al jabón su peculiar habilidad para limpiar el cuerpo humano y la ropa es la doble personalidad de sus moléculas. Mientras uno de los extremos (hidrófobo) huye del agua y tiende a unirse a la grasa, el otro (hidrófilo) agarra el agua soltando la grasa.

La molécula hidrófila se representa como una cabeza afín al agua, en cambio la hidrófoba es como una larga cadena que huye de ésta y se agarra a la suciedad. Cuando el jabón entra en contacto con el agua, las largas cadenas hidrófobas se unen a las partículas de grasa, mientras que las cabezas hidrófilas se proyectan hacia el agua. En ese mismo momento se produce una emulsión como la del aceite y el agua, lo cual significa que las partículas de aceite (suciedad) quedan suspendidas en el agua y son liberadas de la piel o la ropa. Una vez se aclara, la emulsión se elimina.

Además, para que el jabón limpie correctamente, el lado hidrófilo debe ejercer una fuerza mayor para poder arrancar la suciedad. El movimiento que se produce en el proceso de lavado, ya sea frotando con la mano o dando vueltas en la máquina, además del uso de agua caliente, favorecen el desprendimiento de las partículas de grasa, de modo que se dividen y se acaban disolviendo. Por ello es importante frotar por todos lados, ya que garantizamos que el lavado sea mejor.

La efectividad del jabón se ve reducida cuando el agua contiene grandes cantidades de sales minerales, sobre todo de calcio y magnesio, ya que el contacto del jabón con éstos provoca que se forme un precipitado insoluble que da a la ropa un tacto como si hubiera sido almidonada. Por ello, normalmente se usa el suavizante.

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¿Por qué se llama spam al correo no deseado?

El término spam se utiliza para designar el correo basura, es decir, los mensajes no deseados que normalmente provienen de un remitente desconocido. Habitualmente son correos de publicidad, anuncios y ofertas engañosas enviados de forma masiva.

El origen de la palabra spam se remonta a la Segunda Guerra Mundial con la aparición de la comida en lata. La empresa charcutera estadounidense Hormel Foods fue quien lanzó en 1937 esta carne enlatada originalmente llamada Hormel’s Spiced Ham. Unas latas de carne de baja calidad que permitían a los soldados poder comer un poco de carne en el frente. Aun así se convirtió en el alimento que los familiares enviaban a los soldados soviéticos y británicos, ya que desde 1957 eran comercializadas de modo que el consumidor no requería de abrelatas.

Como abreviatura al nombre original surgió el término spam (de la unión de “Spiced Ham”, en español “jamón con especias”). Aunque los culpables reales de poner la palabra spam en boca de todos fueron los cómicos británicos del grupo Monty Python.

El grupo británico Monty Python empezó a hacer burla de la carne en lata. En uno de sus sketch del conocido programa Monty Python’s Flying Circus, salía una pareja que intentaba pedir comida en una cafetería, pero se encontraron con que todos los platos del menú contenían spam: «Huevos con tocino; huevos, salchicha y tocino; huevos con spam; huevos, salchicha, tocino y spam; spam, tocino, salchichas y spam; spam, huevos, spam, spam» y así sucesivamente. Después aparecía un grupo de vikingos (puesto que la mayor productora de Spam en Europa era una compañía danesa) que cantaban, sin motivo aparente: «Spam, spam, spam, querido spam, maravilloso spam». Todo esto ocurría en un sketch surrealista y delirante ambientado en una cafetería llena de vikingos, dónde mientras éstos cantaban, la dueña del lugar recitaba en voz alta la oferta gastronómica, llena de spam, spam y spam por todos lados.

Años después de la parodia, con el desarrollo de las nuevas tecnologías y los inicios de Internet, algunos usuarios inexpertos mandaban erróneamente mensajes personales a toda la lista del correo electrónico o a grupos determinados, que a veces involucraban a varios cientos de personas, lo que ocasionaba molestias y pérdida de tiempo e incluso de dinero, a los demás usuarios que recibían ese tráfico irrelevante y no deseado.

Según Brad Templeton, autor del libro “Origin of the term “spam” to mean net abuse”, alrededor del año 1993 alguien calificó esas intromisiones no deseadas como spam, relacionando este tipo de mensajes como el spam del sketch, en el que nada se podía comer sin toparse con el fiambre.

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El porqué del bostezo y su contagio

¿Has podido reprimir alguna vez las ganas de bostezar?, ¿por qué se produce el bostezo? o ¿por qué es contagioso? Éstas son algunas de las preguntas que nos han podido pasar por la mente al bostezar.

El porqué del bostezo y de su contagio ha sido un misterio durante décadas y, actualmente, lo sigue siendo. Es un tema de interés para la ciencia, ya que todavía existen muchos interrogantes sin respuesta.

El bostezo se caracteriza por una única e incontrolada inhalación profunda con la boca abierta, una gran separación de mandíbulas, la lengua extendida hacia abajo y la faringe dilatada. A todo esto se suma el estiramiento de un gran número de músculos faciales. Además se entornan o cierran los ojos y se inclina la cabeza hacia atrás implicando a los músculos del tronco, y siendo frecuente el estiramiento de brazos. Todo ello en un instante.

Diversas son las teorías sobre el porqué del bostezo. Una de ellas es la creencia popular que lo relaciona directamente con el aburrimiento o el cansancio. Aunque no es tan sólo un signo de dichos estados, sino que también es un signo mucho más general de cambio de condiciones en el interior de nuestro organismo.

Otra teoría indica que la función del bostezo es proporcionar una ración extra de oxígeno al cerebro. Esto es necesario cuando en el ambiente hay demasiado dióxido de carbono. Por ello es normal bostezar cuando se está en grupo y el entorno está más cargado.

Esta teoría está repleta de dudas puesto que un feto en el vientre de su madre bosteza sin que sus pulmones tengan ventilación. Además se ha demostrado que el bostezo reduce la entrada de oxígeno en comparación con la respiración normal.

Una de las últimas teorías se ha extraído de la investigación científica realizada por psicólogos de la Universidad de Albany en Nueva York. En sus conclusiones afirman que el bostezo no sirve ni mucho menos para inducir al descanso, sino todo lo contrario. El bostezo es un mecanismo del cuerpo para mantener alerta al individuo y evitar que éste caiga dormido.

Es así porque los bostezos refrescan la sangre del cerebro. Las bocanadas frescas que respiramos enfrían los vasos sanguíneos de la cavidad nasal que envían sangre al encéfalo y esto ayuda al cerebro a funcionar mejor y aumenta su nivel de alerta.

De modo que, si alguien bosteza mientras explicamos alguna cosa no hay que ofenderse, ya que en realidad lo que intenta es no quedarse dormido y continuar prestando atención.

Existe otra teoría que explica el bostezo como un gesto heredado de nuestros ancestros, que servía para enseñar la dentadura a los semejantes con el propósito de intimidarles. También se utilizaban como una señal de alerta para avisar al grupo de que se mantuviera alerta. Por ello, los investigadores que creen en esta teoría afirman que cuando vemos a alguien bostezar, nosotros bostezamos por instinto.

Pero realmente ¿por qué se contagia el bostezo?

Cuando presenciamos el bostezo de otra persona surge en nosotros una fuerza imparable que nos hace abrir la boca. Los investigadores de la Universidad de Albany creen que se contagia por razones de seguridad. De modo que al encontrarnos en un grupo y a una persona le invade el sueño, el bostezo lo mantendrá despierto al refrescarle el cerebro. Este fenómeno se expande entre las demás personas quienes bostezan con el objetivo de evitar el mismo suceso.

Para estudiar el suceso, cuarenta y cuatro estudiantes participaron en la investigación, y para hacer que éstos bostezaran los científicos mostraron vídeos de personas bostezando. Así se llegó a la conclusión de que el contagio se produce gracias a las neuronas espejo encargadas de ponernos en el lugar del otro.

Aunque este estudio no da respuesta al hecho de que una persona tenga ganas de bostezar simplemente pensando en el bostezo o incluso leyendo un artículo como éste. Personalmente, mientra escribía este artículo he bostezado varias veces.

Además el bostezo está repleto de aspectos curiosos como que si se reprime o si se intenta evitar el proceso resulta insatisfactorio o molesto, o que no se puede interrumpir una vez iniciado pues posee una gran intensidad y, como no, el de ser contagioso, puesto que ya sea al verlos, oírlos o incluso pensar en ellos puede provocar su aparición.

Otro hecho curioso es que bostezar no es sólo un mecanismo humano, sino que todos los animales vertebrados bostezan en mayor o menor medida. En algunas especies el macho bosteza más que la hembra, aunque en los humanos ambos sexos lo producen con igual frecuencia.

Los estudios demuestran que algunos primates usan el bostezo para mantener el orden en su propia estructura social y que además se observa el mismo comportamiento contagioso.

Al fin y al cabo, existen muchas teorías sobre el porqué de los bostezos y su contagio, y aunque se hayan realizado estudios e investigaciones, sus motivos definitivos siguen siendo todo un misterio.

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Las agujetas y los posibles remedios

El verano está al caer y muchos se preparan en la llamada “Operación bikini 2013” ya sea haciendo dietas o deporte. Aunque este proceso puede producir la aparición de las dolorosas y molestas agujetas. Pero ¿por qué aparecen? y ¿cómo se pueden reducir o hacer desaparecer?

Las agujetas son el dolor muscular que se produce después de un período de ejercicio intenso por no estar acostumbrados a tal actividad o por llevar un período de inactividad. Éstas no sólo aparecen en las personas que no practican ningún deporte, sino también en aquellas deportistas que no han realizado ningún ejercicio durante un tiempo o por hacer un sobreesfuerzo, aunque la intensidad del dolor es distinta según el caso.

A esta dolencia se la llama dolor muscular de aparición tardía (DMAT) o dolor muscular post-esfuerzo de aparición tardía (DOMPAT) y va acompañado de una inflamación del músculo. Son dolores intensos y localizados parecidos al de pequeñas agujas pinchando, de aquí el término agujetas. Estos dolores implican una disminución de la movilidad y la flexibilidad entre uno o cinco días.

En definitiva, se produce un fuerte dolor en aquellos músculos que se han ejercitado más de lo debido o más de lo normal y, aunque no son peligrosas, son muy incómodas, ya que afecta a la movilidad normal de la persona.

Recientes investigaciones han determinado que las agujetas se producen porque al esforzar mucho nuestro cuerpo en el ejercicio, se producen unas microroturas o microdesgarros en las células de las fibras de los músculos usados, los cuales hacen referencia a los pinchazos de las agujetas.

Solamente el tiempo pude eliminar las agujetas del todo, aunque existen métodos para evitarlas como realizar un buen calentamiento antes y después de cada ejercicio o no hacer un sobreesfuerzo si hace mucho tiempo que no se realiza ningún deporte. También se dice que tomar agua con azúcar tras el ejercicio o una cucharada de azúcar antes de éste son remedios caseros para que las agujetas no surjan o desaparezcan, aunque no estén probados científicamente.

Hay métodos para disminuir el dolor como hacer deporte progresivamente con ejercicios suaves y cortos, alternándolos con descansos para contribuir a la regeneración de los tejidos. Aplicar frío en la zona para bajar la inflamación o realizar masajes suaves en la zona afectada también es recomendable.

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¿Por qué soplamos las velas en nuestro cumpleaños?

Cada año, desde nuestro nacimiento, el día de nuestro cumpleaños nos sentarnos delante de una tarta para soplar tantas velas como años cumplimos. Aunque no antes de pedir un deseo, pero ¿por qué soplamos las velas? y ¿por qué solemos pedir un deseo?

Como sucede la mayoría de las veces, no se conoce el momento exacto en que surgió esta tradición ni su porqué, aunque existen diversas posibles explicaciones.

Una defiende que el origen se encuentra en la Antigua Grecia donde se tenía la costumbre de ofrecer unos dulces redondos a Artemisa, la diosa de la Luna, representando el ciclo lunar completo. Encima de los dulces se colocaban velas encendidas que los adeptos soplaban para que el humo ascendiera hasta la diosa. Aunque antes de apagarlas, cuenta la leyenda que se debía pedir un deseo para que el humo lo transportara hasta la diosa y ella lo hiciera realidad.

Otra explicación dice que la tradición de soplar las velas surgió durante el cumpleaños de Alejandro III de Macedonia. Al no tener electricidad en aquella época, sus criados utilizaron las velas para alumbrar y adornarlo todo alrededor del bufete.

También existe otra leyenda que cuenta que el círculo de velas formaba parte de un ritual que protegía al homenajeado de los malos espíritus durante un año. De modo que, el fuego y la luz representaban la vida y, por tanto, el tener velas en la tarta de cumpleaños simbolizaba  un llamamiento a la continuación de la vida para seguir con la tradición muchos años más.

Con la consolidación del cristianismo, la tradición de celebración del cumpleaños soplando las velas se consideró pagana, ya que la costumbre popular cristiana era celebrar y festejar los días de la muerte de los santos y no su nacimiento.

Sin embargo, con el paso del tiempo y la decisión de la Iglesia de marcar la fecha del nacimiento de Cristo, la cual posteriormente se consideró el inicio de la Navidad, la sociedad recuperó la celebración de los cumpleaños y su tradición especial.

Aunque éstas son algunas de las explicaciones más difundidas, existen otras muchas. Sea como sea, actualmente, el soplar las velas de la tarta de cumpleaños es una tradición extendida y practicada por gran parte del mundo.

Además, hay pequeños aspectos en ese momento que suelen repetirse como que te canten el cumpleaños feliz, que instantes antes de que soples las velas alguien te recuerde que debes pedir un deseo o que después de ello te aplaudan. Y, aunque se pueda ser algo escéptico sobre si realmente el deseo se cumplirá o no, uno mismo decidirá qué hacer, puesto que puede que el día menos esperado ese deseo se haga realidad.

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¿Por qué se inventó la margarina?

Durante el siglo XIX la mantequilla era muy cara y los gobiernos no podían abastecer a su población. Por eso, el gobierno francés ofreció una recompensa para la persona que inventara un alimento parecido al que las clases sociales bajas y el ejército pudieran acceder. De este modo, la margarina surgió como un invento por la necesidad del pueblo de encontrar un “suplente” a la cara mantequilla.

Así pues, con el objetivo de ofrecer una alternativa más saludable y accesible a la utilización de la tradicional mantequilla, el 15 de julio de 1869 el químico francés Hippolyte Mège-Mouriés presentó la margarina, gracias a la cual ganó el premio.

La margarina se realizaba a base de aceites vegetales mediante un proceso de hidrogenación parcial, que buscaba evitar los problemas cardiovasculares asociados a las grasas saturadas, el colesterol y las calorías. Es decir, se tomaba grasa vegetal, se extraía la porción líquida bajo presión para después dejarla solidificar, logrando un sustituto perfecto de la mantequilla.

El éxito que obtuvo su sustancia llamada “oleomargarina” se ha prolongado hasta la actualidad. La producción de ésta aumentó durante la Segunda Guerra Mundial por los difíciles tiempos que pasó la población, sobre todo, en Alemania. Su alto contenido en lípidos la convirtió en el sustento energético ideal para sustituir a la mantequilla como alimento básico en la dieta de europeos y americanos. Fue a partir de aquel momento cuando el uso y distribución de la margarina comenzó a popularizarse de forma casi global hasta nuestros días, y convertirse en un negocio mundial.

Aun así, la receta original de la margarina de Hippolyte Mège-Mouriés ha sufrido cambios hasta la actualidad. A los pocos años se descubrió el inconveniente que suponían los ácidos grasos trans que se originan en el proceso de hidrogenación parcial y que generan también problemas cardiovasculares relacionados con el aumento de las lipoproteínas en la sangre.

La investigación en nuevas tecnologías para minimizar la presencia de estos ácidos grasos trans que comenzó en los años noventa ha logrado, con el tiempo, minimizarla hasta cantidades inferiores al 1%.

Este trabajo ha mejorado las margarinas a nivel nutricional, logrando una composición en ácidos grasos insaturados, que la hacen recomendable en el marco de una alimentación cardiosaludable.

Actualmente, la margarina se puede hacer con una gran variedad de grasas animales o vegetales mezcladas, generalmente, con leche descremada, sal y emulsionantes.

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Las siglas S.O.S. y su origen

Se encuentran escritas en muchos lugares y se utilizan para pedir ayuda, pero ¿de dónde provienen las siglas S.O.S.? ¿qué significado tienen? y ¿por qué las utilizamos para pedir ayuda?

Muchas son las fuentes que comentan que S.O.S. hace alusión a la señal internacional de pedido de auxilio, de hecho la gran mayoría, por no decir todos, la conocemos y utilizamos de esta manera.

Su origen se sitúa cerca de principios del siglo XX, cuando se seleccionaron estas letras teniendo en cuenta que en ese momento de la historia se usaba el código Morse, y que éste era el mensaje más simple y claro de redactar para pedir ayuda, ya que seria (…—…). Así pues se componía de tres puntos, tres guiones y tres puntos.

Después de la conferencia realizada en Berlín en el año 1906, las siglas pasaron a ser utilizadas de un modo más generalizado.

Aunque antes del S.O.S. existió otra manera de pedir auxilio. En las transmisiones telegráficas existían las siglas C.Q.D., que significaba en inglés “Come Quickly, Distress” (Vengan Rápido, Problemas). Esta señal surgió en el 1904 en la Compañía Marconi y también se utilizó para identificar mensajes de interés.

La aparición de las siglas S.O.S. fue por la necesidad de encontrar tres letras fáciles de memorizar, puesto que ante situaciones desesperantes la mente suele bloquearse y no deja pensar más allá de lo que se está viviendo en ese momento trágico.

En inglés, el significado más reconocido de S.O.S. es Save Our Souls (Salven Nuestras Almas), sin embargo, hay muchas maneras de interpretar la misma. En español se suele decir Socorro Oh Socorro por ejemplo.

Actualmente, las siglas son conocidas mundialmente y se utilizan en momentos de películas para pedir socorro, en las autopistas para señalar que hay un espacio en el que solicitar ayuda, etc.

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