Un grupo de adolescentes experimenta una semana sin móvil

La escuela Waldorf de Braunschweig, en Alemania, ha llevado a cabo un experimento con sus estudiantes, a quienes les propusieron que estuvieran una semana sin usar sus teléfonos móviles.

Pasado este tiempo, los adolescentes tenían que rellenar unos cuestionarios y escribir una narración sobre su experiencia. Una de las participantes es Janine, de 16 años, quien relata:

Para mí era la primera vez y me sentía muy insegura, pero he descubierto que se trata de una sensación bestialmente relajante. Las primeras 48 horas son angustiosas, pero después sientes un subidón, es como si el día tuviese más horas y comienzas a hacer cosas como loco.

Janine tiene móvil desde los nueve años y desde hace casi dos maneja un smartphone del que no se separa en ningún momento.

Antes del experimento, no me atrevía a ir a ninguna parte sin el móvil. Día y noche junto a mí. Y constantemente estaba sacándolo del bolsillo y comprobando si alguien me había escrito.

Antes de iniciarse la semana sin teléfono móvil, la escuela indicó a los jóvenes que se aprendieran de memoria los teléfonos importantes como, por ejemplo, el de sus padres, y que aprendieran a encontrar en los ficheros de la biblioteca del colegio la información que suelen buscar en Google. Pero a pesar de los preparativos, el momento de la separación de los teléfonos tuvo algo de traumático.

Estaba angustiada ante la idea de estar sin teléfono.

Una vez revisados los cuestionarios rellenados por los alumnos, los profesores observaron que lo que más echaron de menos los jóvenes fue el WhatsApp y la posibilidad de escuchar música en la parada del autobús.

Algunos estudiantes han reconocido que se han fijado en que viajan a diario con vecinos que van a su misma escuela y de cuya presencia en el autobús ni se habían percatado. Otros admiten que, cuando llegaban a casa, sustituían el móvil por el ordenador para quedar con los amigos por Facebook; y la mayoría ha explicado que, durante la semana sin móvil, ha tenido más tiempo para conversar con sus familiares.

Sin embargo, aunque en el experimento los jóvenes, quienes no se consideran adictos a los medios, hayan comprobado los aspectos positivos de la abstinencia, no parecen dispuestos a desprenderse de sus teléfonos móviles y los han recogido con alborozo y cierta ansiedad.

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