Un hombre desarrolla la visión en 3D gracias al cine

Las buenas películas suelen cambiar nuestra visión del mundo, pero ¿cuántos de nosotros podemos decir que una película ha alterado notoriamente nuestra visión real? Una de las personas que puede decirlo es Bruce Birdgeman. En términos de cómo ve el mundo, hay un antes y un después de ver el filme Hugo.

El pasado 16 de febrero, Bridgeman fue al teatro con su esposa, a ver la película de aventuras para toda la  familia en 3D, de Martin Scorsese. Como todos los asistentes, pagó un recargo en el precio de la entrada por las gafas que permiten ver tridimensionalmente, aún pensando que era malgastar el dinero. Bridgeman, un neurocientífico de 67 años de la Universidad de California, en Santa Cruz, padecía de ceguera estereoscópica, un término médico que se utiliza para diagnosticar la falta de habilidad para percibir la profundidad, es decir, para ver en tres dimensiones. “Cuando salíamos y la gente empezaba a hablar sobre un pájaro en un árbol, yo todavía lo estaba observando cuando ya habían acabado el comentario sobre el pájaro”, dice. “Para cualquier otro, el pájaro saltaba a la vista. Para mí, era sólo parte del fondo de la imagen”.

Todo esto cambió tan pronto como empezó a ver la película. Los personajes brincaron de la pantalla de una manera que Bridgeman nunca había experimentado.

Fue literalmente como una dimensión visual completamente nueva. Fascinante.

Pero no era sólo la magia del cine. Cuando abandonó la sala, la visión del mundo le resultaba diferente. Por primera vez, vio una farola que se definía fuera del fondo. Árboles, coches y personas parecían mucho más vivas y brillantes que nunca antes. Y desde ese día, ha visto el mundo en tres dimensiones. “Montando en bici hacia el trabajo, miro el bosque paralelo a la carretera y veo un revoltijo de profundidades, cada árbol resaltando sobre los demás”, explica. Algo había ocurrido. Alguna parte de su cerebro se había despertado.

La creencia popular dice que lo que le ocurrió a Bridgeman es imposible. Como el 5-10% de la población que padece este tipo de “ceguera”, estaba resignado a ver el mundo sin profundidad.

Lo que Bridgeman experimentó en el cine ha sido observado por estudios clínicos con anterioridad. El caso más famoso es el de Sue Barry, conocida como “Stereo Sue”, quien, de acuerdo con el autor y neurólogo Oliver Sacks, experimentó por primera vez la visión estereoscópica mientras realizaba una terapia visual cuando tenía 47 años. La pregunta es ¿porqué después de tantas décadas viviendo en un mundo bidimensional, el cerebro de Bridgeman empezó de manera espontánea a procesar imágenes en 3D?

Imágenes alteradas

Durante siglos, los científicos han sabido que 2 ojos son mejor que 1. El científico romano Galeno observó que las imágenes que se recibían a través de los dos ojos eran sutilmente diferentes, como corroboró Leonardo Da Vinci unos siglos después. Haz la prueba: abre sólo tu ojo izquierdo y, luego, cambia al derecho y verás como la imagen se ve igual, pero que se ha desplazado ligeramente.

En los años 30 del siglo XIX el científico e inventor inglés Charles Wheatstone descubrió el motivo de este fenómeno: las diferencias entre las dos imágenes permiten al cerebro generar la sensación de profundidad. Incluso diseñó un ingenioso invento llamado estereoscopio, en el que dos versiones casi idénticas de una misma imagen vistas a la vez a través del instrumento se transformaban en un único dibujo tridimensional.

Por alguna razón, el cerebro fusiona las imágenes automáticamente, y es en las últimas décadas en las que hemos sido capaces de empezar a entender las señales nerviosas que subyacen la visión estereoscópica. De la misma manera que cada papila gustativa de nuestra lengua responde a diferentes tipos de sabores (dulce, salado, amargo, etc.) hay células oculares en el ojo y en el cerebro que responden sólo a un tipo de estímulo. Por ejemplo, líneas verticales y horizontales. Cuanto más lejos viaje la señal el cerebro, más compleja se vuelve.

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