No somos maduros hasta los 27

Según los expertos, la inmadurez se prolonga durante más tiempo y hasta los 27 años no se detecta un cambio de actitud importante.

Fabia Morales y Urbano Lorenzo, miembros del Centro de Investigación en Evaluación y Medida de la Conducta (Cramc) de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y la psicóloga Elisa Camps han preparado el cuestionario Psymas, para evaluar la madurez psicológica de los adolescentes de entre 15 y 18 años, que ha sido remitido a más de mil adolescentes.

Tras estudiar los resultados obtenidos defienden que existe un bajo grado de madurez psicológica entre los jóvenes de entre 15 y 18 años y que no se produce un cambio hasta los 27 años, coincidiendo con el proceso de emancipación de los jóvenes.

Para elaborar la prueba Psymas, los expertos se basaron en el modelo Greenberger, que suele utilizarse en Estados Unidos sobre todo en juicios en los que hay menores implicados, y lo adaptaron a la realidad social española para valorar la madurez de los jóvenes.

La prueba Psymas para uso tanto en institutos, como en ámbitos judiciales o médicos, proporciona una medida global de la madurez psicológica de los adolescentes y establece tres subescalas: Orientación al Trabajo (se refiere al nivel de responsabilidad, disciplina, orden y sentido del deber que tiene el adolescente); Autonomía (la predisposición a tomar la iniciativa sin dejar que los demás influyan excesivamente), e Identidad (evalúa el conocimiento que tiene el adolescente sobre sí mismo).

Un adolescente con más autonomía tiende a ser más imaginativo y creativo y muestra más interés por conocer otras formas de pensar y por vivir más experiencias y un joven con una identidad consolidada tiende a mostrar una mayor estabilidad emocional y poca propensión a sentir emociones negativas como la ansiedad, la inseguridad o la tristeza.

Psymas se probó en una primera fase entre más de 600 adolescentes y, posteriormente, entre 300 estudiantes universitarios de entre 18 y 30 años. Los resultados obtenidos en ambos casos no fueron muy distintos.

Las familias deberían ir cediendo responsabilidades y espacio propio a los adolescentes, y ver cómo van respondiendo; si siempre se les trata como a niños, seguirán comportándose como tales, para ellos es mucho más cómodo.

Sobre Elena

Licenciada en Pedagogía, colaboro desde hace años en varios proyectos de la Asociación de Prensa Juvenil, ¡incluido este fantástico periódico! :)

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