La chica que inspiró la historia de Blancanieves

El pasado 20 de diciembre se cumplían 200 años de los cuentos de los hermanos Grimm, y hace unas semanas, ABC recogía algunos de los secretos más oscuros de los cuentos recopilados por los hermanos Grimm. Sus historias procedían de la tradición oral y algunas de ellas tenían una base en hechos reales. La de “Blancanieves y los siete enanitos” es una de ellas.

Al menos eso es lo que piensa el historiador alemán Karlheinz Bartel, según podemos leer en el blog Entre el caos y el orden. Las investigaciones realizadas por este experto apuntan a que Maria Sophia Margaretha Catharina von Erthal, una joven nacida el 15 de junio de 1729, en el pueblo minero de Lohr, en la Franconia alemana fue la auténtica Blancanieves.

Cuando Maria Sophia apenas había cumplido los 12 años, su madre falleció. Dos años después, su padre, responsable de la milicia del territorio de Kurmainz, se casó con Claudia Elisabeth Maria von Venningen, condesa imperial de Reichenstein.

Aunque la relación entre la joven y su madrastra no era tan mala como la del cuento, parece que la condesa siempre beneficiaba a los hijos de su primer matrimonio y menospreciaba a la verdadera Blancanieves.

El cronista de la familia Erthal describía que los habitantes de Lohr le tenían mucho cariño a Maria Sophia por ser caritativa y bondadosa, y una gran luchadora contra la pobreza y la indigencia. Por ello, se pasaba el día rodeada de niños desnutridos y envejecidos prematuramente por el trabajo en las minas de hierro de los Von Waldek. Estos niños, que vestían largos abrigos y gorros, acabaron convertidos en los siete enanitos del cuento.

En lo que respecta al espejo mágico, éste fue un regalo de bodas del padre de Maria Sophia a su segunda esposa. Mide más de un metro y medio de largo y, aunque no habla, tiene la particularidad de repetir todas las palabras pronunciadas frente a él debido al efecto de la reverberación, es decir, que el sonido permanecía tras cesar la fuente sonora. En la actualidad, puede ser contemplado en el castillo de Lohr, residencia de la familia reconvertida en el Museo del Spessart.

La manzana envenenada y el príncipe azul, en cambio, parecen ser simplemente obra de la imaginación popular.

 

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