¡Maldita crisis!

Esta crisis económica está afectando a algo más que nuestros bolsillos.

“Moriremos todos los que estamos aquí sin volver a vivir algo como esto”. Escuché esta frase en una reunión de la APJ, hace ya unos meses, en boca de un joven estudiante de económicas.

Desgraciadamente, no estoy versado en el campo de la macroeconomía ni en nada que pase de la contabilidad doméstica y de gestión de una asociación como la que presido. Sin embargo, esa frase me hizo reflexionar acerca de la gravedad de la situación. Y así es, pero no sólo por el bolsillo (vacío) sino también por el temor y ansiedad que las apreturas económicas han creado en todo y todos, sea en tu trabajo o tus ratos de ocio. Si sales, ya no vas al bar de moda; ¿el cine? ni de broma, muy caro; ¿una cena en ese restaurante ‘molón’ que han abierto en tu ciudad? Mejor me voy con los colegas al McDonald’s. Y así, suma y sigue…

Pero lo peor llega cuando acaba el fin de semana y vuelves al trabajo, a la universidad, al instituto… En todos estos ámbitos, la mala situación se ve más generalizada y, si cabe, aún más real. Se palpa la crisis y en casi todo momento suena con eco la palabra “recortes”. Palabra que actualmente tiene más significado que el descrito en el diccionario de la RAE. Menos profesores, menos autobuses escolares, menos subvenciones y más sesgadas, la universidad, más cara, el billete de metro semanal, inasumible. Uno tiene la sensación de estar viviendo en una espiral de descenso, en la que ves a tus padres apesadumbrados al volver a casa, en la que tu colega ha perdido el trabajo que tanta ilusión le hacía, en la que los políticos lanzan en TV sin convicción mensajes de ánimo y de esfuerzo… ¿Acaso no lo hemos estado haciendo ya?

Todavía recuerdo la cara de un amigo, excelente estudiante, que sacaba la carrera de Derecho como si se tratara de la tarea más sencilla, al explicarme que debía “suspender” sus estudios para ir a limpiar ventanas con su madre porque “las cosas en casa están muy mal”. Si jóvenes esforzados y próximos a la excelencia andan de este modo, ¿qué futuro nos espera? Se le quitan a uno las ganas incluso de protestar, de pedir un cambio de ritmo, de solicitar ayuda a nuestros gobernantes que “allí lejos, en el Parlamento”, siguen enzarzados en dimes y diretes.

Pues no, no debemos parar. No debemos ceder al desánimo y debemos “apretar los dientes” y gritar más alto, llamar a cuantas puertas sea necesario y ‘redoblar esfuerzos’, tal como nos piden nuestros gobernantes, aunque a veces parezca que sólo nosotros, el pueblo llano, sepamos el significado de esa expresión.

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