Vampiros búlgaros contra rumanos

Parece el título de una película de Serie B pero no. Se trata de ver quién posee alguna demostración acerca de la existencia de hombres-vampiros y Bulgaria quiere ganarle el pulso a Rumania, donde gobernó Vlad Tepes, apodado Drácula, con la exhibición del esqueleto de un supuesto bebedor de sangre en el Museo Nacional de Historia de Sofía.

Los restos de un hombre que en vida medía 175 centímetros y cuya identidad y edad aún se desconocen fueron hallados en una tumba medieval, en la localidad de Sozopol, a orillas del Mar Negro. Hasta aquí podría parecer un esqueleto más si no fuera porque el hombre fue enterrado en una casa con un trozo de hierro de un arado clavado en el corazón. Sin embargo, no es que se tratara de un vampiro. El director del museo, Bozhidar Dimitrov, ha explicado que antiguamente se creía que las almas se quedaban en los cuerpos de los muertos y salían de la tierra para beber sangre. Para evitar que esto ocurriera y que los fallecidos no se convirtieran en vampiros, en la noche posterior al entierro y antes de medianoche se exhumaban los cadáveres y se les clavaban un hierro o un palo de madera en el pecho.

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