Atascos para… ¡subir al Everest!

El Everest, conocido como el techo del mundo, está situado a 8.848 metros de altura. Una cifra lo suficientemente atractiva para numerosos alpinistas que se lanzan a coronarlo. Sin embargo, en muchos casos, lo que se plantea como una grata aventura acaba convirtiéndose en una tragedia.

Esto ha sucedido de manera significativa este fin de semana, durante el cual cinco personas han perecido en esa montaña a causa de la masificación, el agotamiento y la desorientación propios de la inexperiencia.

Impresiona ver la cola de los 150 aventureros que enfilaban la vertiente sur del Everest, a más de 7.000 metros de altura, el pasado viernes. Estremece saber que, para más de 300 aspirantes que lo intentaron entre el sábado y el domingo, las duras condiciones del ascenso no suponían ningún tipo de impedimento. Del mismo modo que tampoco fue obstáculo para ninguno de ellos la elevada mortalidad que se está registrando este año (4 muertos en 2011 y 3 en 2010, por los 10 fallecidos que llevamos en este 2012).

Buena parte de la explicación a este lamentable fenómeno es que, desde 2006, existen agencias de viajes que ofrecen el ascenso al Everest como destino turístico, sin atender a los altos riesgos que conlleva esta práctica deportiva ni a los valores de respeto hacia la naturaleza y de solidaridad para con los compañeros que deben primar en toda expedición.

Ahora cualquiera que diga que le gusta la montaña y disponga de una cantidad de dinero tampoco muy desorbitada puede probar de subir a la cima más alta del mundo. Acto de suma irresponsabilidad cuyas consecuencias no puede redimir el dinero y que son totalmente evitables.

 

 

 

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